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Qué es la Terapia Cognitivo-Conductual

La terapia cognitivo-conductual es una de las ramas de la psicología que, actualmente, se alza como una de las más usada por los profesionales. Su nomenclatura procede de su realidad intrínseca, ya que une características de la Terapia Cognitiva y de la Terapia Conductual, resultando un punto intermedio que centra su atención tanto en el pensamiento como en la conducta del individuo.

Dentro del conjunto de toda la psicología científica, esta terapia va más allá de aquellas de donde recibe sus fundamentos. Por un lado, acepta la teoría conductista referente a que nuestra conducta humana es aprendida, tal como apunta la Psicología Conductivista. No obstante, se distancia en el momento de apuntar que este aprendizaje procede de la respuesta innata que evoluciona de los estímulos y las respuestas, sino que apuesta por la respuesta que aporta la Psicología Cognitiva: respuestas asociadas a los esquemas cognitivos que desarrollamos y a los que aportamos un significado personal.

En resumen, la Terapia Cognitivo-Conductual responde a la idea de que los individuos ejecutamos conductas según un patrón mental interiorizado y aprendido (ya sea correcta o erróneamente) en el transcurso de nuestra historia y nuestra experiencia y bagaje personal.

Cómo se enfoca el tratamiento

Los expertos en el tratamiento de la Terapia Congnitiva-Conductual tienen en cuenta que la forma de entender y actuar de un individuo afecta directamente a su percepción del mundo, a sus sentimientos y pensamientos. En este sentido, el tratamiento se focaliza en ayudar y guiar al paciente a modificar su pensamiento (parte “cognitiva”) y sus actos (parte “conductual”), que inevitablemente se correlacionan, de modo que pueda lograr un mayor bienestar personal.

Así pues, el profesional trata de explorar el mecanismo que ha desarrollado el paciente y le ayuda a guiar la relación de su conducta y pensamientos hacia otro punto de beneficiencia. ¿Por qué? Básicamente porqué está demostrado que nuestros pensamientos tienen un efecto directo en nuestra conducta y nuestro estado físico.

Por ello, la clave está en saber guiar al paciente para que “piense en positivo” ante las experiencias de su vida. El ejemplo es clave:

Terapia Cognitivo-Conductual-01

En las primeras sesiones, el psicólogo determinará si el caso del paciente se adecua al tratamiento enfocado en la Psicología Cognitiva-Conductual. En ese caso, se dará inicio al tratamiento, que no tiene una estimación exacta y puede durar de pocos meses a postergarse durante años. Cabe tener en cuenta que en el transcurso del tratamiento, el profesional indagará hacia el pasado del individuo. Por ello mismo, es necesario que el paciente sepa a qué va a hacer frente y mostrar la mayor predisposición posible. La sinceridad y la confianza es el precio, no demasiado caro, a pagar. El proceso cognitivo se desarrolla, principalmente, a través de tres principios técnicos y terapéutico básicos:

  • Empirismo colaborativo: el profesional y el paciente están al mismo nivel. La terapia se desarrolla en un contexto de tú a tú. El psicólogo presenta una actitud activa a la aceptación, la empatía y la autenticidad.
  • Descubrimiento guiado: relación particular entre el profesional y el paciente donde la consecuencia de preguntas del primero lleva a una serie de respuestas del segundo. La acumulación de este proceso lleva al paciente a descubrir el concepto o idea perseguido.
  • Diálogo socrático: demostración lógica a la que se llega a través del diálogo entre dos interlocutores. El profesional lidera la discusión y el paciente admite o rechaza aquello que se le expone, activando su reflexión y llegando a su propia conclusión.

Qué opinan los experto

En Siquia contamos con profesionales de la psicología que abordan todos los campos y disciplinas de esta área. Así pues, hemos rescatado algunas de las declaraciones que nos han realizado algunos psicólogos especializados en el tratamiento de la Terapia Cognitivo-Conductual:

Emilio Bravo apunta que “‘somos lo que pensamos’, si somos capaces de modificar nuestro pensamiento consciente e inconsciente podremos cambiar nuestra forma de actuar, de sentirnos…” En la misma línea, Laura Fuster nos explica que esta terapia combina el tratamiento de los pensamientos y las acciones y permite que “la persona nos expondrá el problema que le preocupa y el psicólogo, mediante preguntas, se hace una idea general de esta cuestión”.

Los expertos también consideran que esta terapia tiene amplios beneficios sin entender de edades. Por ejemplo, Nuria Mejías reflexiona sobre que esta terapia define un tratamiento “dónde se incluyen gran variedad de técnicas específicas para niños, adultos o adolescentes, así como la aplicación de diferentes tests adaptados a la edad de cada persona”.

Por otro lado, hay profesionales que deciden combinar más de un tipo de enfoque terapéutico. Este es el caso de Marta Velasco, quien apunta que “el tipo de terapia que aplico es la clásica cognitivo-conductual, combinada con terapias de tercera generación o integrativas, es decir, incluyo psicología positiva, humanista, mindfullness o de Atención plena al aquí y ahora, así como programación neurolingüística o terapia de Aceptación y Compromiso”. La psicóloga barcelonesa Mª Dolors Mas apunta algo parecido aludiendo a que “no podemos usar el mismo traje para todo el mundo”, por lo que combina la Terapia Cognitivo-Conductual con otras disciplinas de las que ha obtenido formación.

contactar rojo

One Response
  1. Arantzazu Blanco 31 julio, 2016 / Responder

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