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Primero yo: el egoísmo sano

Egoísmo - psicólogos online¡Eres un egoísta!

No hay nada más doloroso que oír esta afirmación dirigida hacia nosotros. Es un adjetivo que nos etiqueta frente a la persona que nos la dice y frente a nosotros mismos. Nos etiqueta de forma negativa, peyorativa.

Pero ¿es todo el egoísmo malo?

El ejemplo del Sargento Dean y la Doctora Ross

El sargento Dean ha ido a buscar a la doctora Ross, que es la única doctora en la zona de conflicto, al campamento vecino para que atienda a unos militares que están muy graves en el hospital de campaña. De vuelta al campamento el sargento y la doctora oyen un sonido fuera del coche. Frenan, ambos bajan a comprobar la carrocería y todo parece correcto. Pero cuando están a punto de subir de nuevo al coche aparece una serpiente venenosa que les muerde a ambos.
El antídoto inmediato es imprescindible para que la persona mordida por la serpiente sobreviva. La mala suerte es que la doctora Ross sólo lleva un antídoto. Después de sopesarlo unos segundos ella coge la ampolla de antídoto del maletín y se la autoadministra. Con ojos tristes mira al sargento, lo carga en la parte trasera del coche y sabiendo que lo más probable es que él no sobreviva, pone rumbo al campamento.

¿Por qué debería la doctora Ross actuar así? ¿Ese egoísmo fue bueno o malo?

Hay que tener en cuenta que el sargento fue a buscar a la doctora Ross  para atender a unos militares que se encontraban en un estado muy grave. Es decir, si ella moría y el sargento vivía, lo más probable hubiera sido que todos los militares del hospital de campaña hubieran muerto también.
Así que sí, efectivamente, la doctora Ross actuó de una forma egoísta, pero porque ella sabía que su tarea allí era primordial para la supervivencia de muchas personas.

Eso no quiere decir, por supuesto, que despreciara al sargento, pero hay momentos en que debemos tomar una decisión egoísta para poder ayudarnos a nosotros, pero también a los demás.

Entonces, ¿hay que ser egoísta?

El egoísmo no es más que la conducta orientada hacia el yo (ego). Es decir, todas aquellas cosas que hacemos durante nuestra vida diaria que están orientadas a satisfacernos a nosotros mismos son “egoísmo”.

De hecho el egoísmo es una conducta de supervivencia de la especie: si tú comes, yo no. Si tu mueres, yo vivo. Incluso se da en el reino vegetal, la competición por la propia supervivencia, por el propio placer, es innata a cualquier ser vivo.

El egoísmo sano es aquél que nos hace ser conscientes precisamente de eso: si yo me salvo, será más probable que los demás salgan beneficiados.

Es decir, cuando nos centramos en nosotros mismos, cuando somos capaces de ver aquello que nos falta y de luchar por conseguirlo, cuando somos capaces de decidir anteponer una necesidad nuestra a la de otro pensando en las consecuencias a largo plazo, es cuando estamos practicando el egoísmo sano (o egoísmo altruista).

Todos hemos oído alguna vez aquello de: “si no te cuidas tú, nadie te va a cuidar”. ¿Verdad? Pues esa es la clave. Si estoy cansada y he tenido un mal día en el trabajo, y sé que lo que me iría bien es ir a nadar aunque fuera media hora, pero me “sacrifico” y me voy a casa para que mi pareja no esté tanto tiempo sola con los niños, lo más probable es que cuando llegue a casa no sólo esté cansada, sino que, además, voy a proyectar mi irritabilidad en mi pareja y en mis hijos porque, de alguna manera, los estaré considerando “culpables” de no haberme podido relajar.

En este caso hubiera sido mejor que me hubiera ido a la piscina un rato, hubiera vuelto a casa relajada, y le hubiera propuesto a mi pareja, por ejemplo, hacer la cena mientras ella se daba una ducha caliente y relajante. Mucho mejor, ¿no?

Las ventajas del egoísmo-altruista

Visto de esta manera es sencillo entender que ser un egoísta-altruista es muy positivo para nuestra vida. A medida que vamos trabajando para estar mejor con nosotros mismos, estamos construyendo relaciones que están mejor con nosotros, nuestra autoestima se incrementa así como nuestros niveles de felicidad.

Si eres de aquellas personas que siempre piensas en los demás y nunca en ti mismo, seguramente estés sufriendo las consecuencias. Normalmente las personas tan enfocadas a los demás y que se preocupan tan poco de sí mismas, suelen ser personas que se sienten utilizadas por los demás. Además, el sacrificio que realizan por los otros genera una sensación de chantaje emocional y de “me debes un favor” en los demás, por lo que se crean relaciones poco sanas y, generalmente, de dependencia.

Así que ya sabes, practica un poco el egoísmo altruista: céntrate en lo que necesitas para poder ayudar a los que te rodean.

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