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5 maneras de ser más amable contigo mismo

Psicólogos onlineA menudo somos demasiado exigentes con nosotros mismos. De hecho tenemos la tendencia a exigir más a nuestra propia persona de lo que jamás se nos ocurriría exigir a cualquier otro.

Y aunque está claro que la autoexigencia es buena para avanzar y para mejorar cosas que no nos gustan de nosotros mismos, no podemos hacer de ella el filtro con el que analizar todo lo que hacemos.

Este filtro de autoexigencia hace que nos mostremos ante los demás como superhéroes y que nos escondamos, incluso a nosotros mismos, la verdadera naturaleza de nuestras emociones y sentimientos. Eso provoca que, muy a menudo, seamos muy duros con nosotros mismos y que no nos dejemos pasar “ni una”.

Aquí van cinco consejos para aprender a ser más amable contigo mismo.

1. La gente se equivoca. Asúmelo.

Está claro que la gente se equivoca. Y tú eres gente. Así pues, asume que tu también te equivocas.

Debes intentar relativizar tus errores y, por supuesto, aprender de ellos. Cuando detectes un error que has cometido o una cosa de tí mismo que no te ha gustado cómo has gestionado, analízalo como si fueras una persona externa. ¿Qué crees que te dirían tus amigos?

Interioriza ese discurso y convéncete de que, realmente, no se ha acabado el mundo porque te hayas equivocado de ruta para ir a casa de un amigo. Tómatelo con filosofía y, mientras corriges la ruta y te diriges a la dirección correcta, aprovecha para pensar cómo puedes evitar que te vuelva a ocurrir de nuevo.

2. No ignores tu dolor

La sociedad nos ha condicionado enormemente para ignorar, negar o suprimir cualquier muestra de dolor o sufrimiento en nuestra propia persona. Somos capaces de soportar que nuestra pareja se sienta mal o tenga días malos, pero cuando somos nosotros los que sufrimos intentamos alejar ese sentimiento de nosotros con todas nuestras fuerzas.

Eso sólo hace que agravar la situación. Debes asumir que, como cualquier otra persona, tienes tus sentimientos y emociones, y que algunos de ellos no son agradables.

Intenta sobreponerte a la vergüenza o el reparo que te produce comunicarlos y valídalos ante tí mismo y ante los demás. A veces tú también necesitas apoyo.

3. Trátate a tí mismo como tratarías a un amigo

Imagínate que estás en la cocina y, de repente, al ir a coger un bote de cristal lleno de garbanzos, se te resbala de las manos y se te cae al suelo rompiéndose en mil pedazos.

¿Cuál es tu reacción?

Probablemente te enfades contigo mismo por haber sido tan torpe. Incluso es posible que te digas a ti mismo algo así como “desde luego, qué inútil que soy”.

¿Le dirías eso mismo a un amigo al que le pasa exactamente lo mismo? Probablemente no se te ocurriría jamás dirigirte de esta manera a un amigo. Le dirías algo así como: “tranquilo, estas cosas pasan” o “es normal que se haya caído, la estantería está muy llena de cosas”.

Es decir, con una persona externa somos capaces de ayudarla a calmarse, a que mire las cosas desde un punto de vista realista e incluso, le ayudamos a limpiar.

Con nosotros mismos, en cambio, escogemos la muy dudosa estrategia de machacarnos. Por alguna razón en vez de ayudarnos a nosotros mismos, nos dedicamos a hundirnos más.

Visto así es de lógica que no es una estrategia muy útil para nuestra salud mental. Machacarnos a nosotros mismos sólo provoca que nuestra autoestima se degrade y que, cada vez, sintamos menos confianza en nosotros mismos para llevar a cabo nuestras tareas.

4. Un mal momento no significa una mala vida

Cuando estamos sumidos en una mala época nos cuesta ver más allá de las desgracias y adversidades del día a día. Pero existen. Todo el mundo, en algún momento de su vida, pasa por una mala racha. Pero eso no significa que sus vidas no tengan sentido, o no valgan la pena.

Asume que estás teniendo una mala racha, pero no te culpes por ello y no te envíes mensajes del tipo “jamás voy a salir de ésta”.  Focalízate en las pequeñas cosas positivas que van pasando en tu día a día y no las pierdas de vista. Incluso las puedes ir apuntando en una libreta y repasándolas al final del día.

5. Practica el mindfulness

No hace falta que te apuntes a ningún curso, simplemente dedícate a prestar atención al momento que estás viviendo sin entrar a hacer juicios sobre ti mismo.

Simplemente acepta los sentimientos, las sensaciones, los pensamientos y las emociones que tienes en ese momento. Los tienes y ya está. No los juzgues, si te molestan, intenta cambiarlos por pensamientos, sentimientos o emociones positivas, pero no te juzgues.

Si a pesar de todos estos consejos sientes que tú mismo eres tu más cruel enemigo y no sabes cómo sobreponerte a ello, siempre puedes consultar con un psicólogo. En Siquia, la primera consulta es gratuita. ¿A qué esperas?

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