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Aprender a perdonar

la importancia de perdonarPablo, 36 años, aspecto muy cuidado y vestido de forma impecable, llora desconsoladamente sentado en el sofá de mi consulta por una relación de pareja rota. La que hasta hace unos días era su esposa, mantuvo una relación puntual con su exnovio. Pablo descubre casualmente la relación y, a pesar de las múltiples explicaciones de Sara, Pablo dice sentirse incapaz de perdonar.

Aunque responde reiteradamente que todavía ama a Sara, no se imagina a sí mismo haciendo el esfuerzo de olvidar ni se imagina, en unos pocos años sin echarle en cara a Sara el desliz que, finalmente y con seguridad, asevera Pablo, acabaría de cualquier forma con su relación. Por delante, una batalla legal por la cual no quiere ni puede pasar. Y, entonces, vuelve el llanto…

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

Posiblemente porque perdonar no es un acto sencillo igual que dar los “buenos días” o dar las “gracias”. Perdonar necesita que el que perdona tenga la autoestima alta pero, también, se intente poner en los zapatos del otro. Lo cual hace que sea una persona con coraje para enfrentarse a una situación que, con elevada probabilidad, no le gusta o incluso aborrece.

Sin embargo, cuando esta persona se decide a perdonar, se va a sentir libre de todo rencor y resentimiento. En cambio, cuando no perdonas, no pienses que es la otra persona la que siente malestar emocional, ¡cuidado, andas equivocado! Quien se queda con toda la mochila emocional, aquella cargada con grandes rocas que no te dejan disfrutar de tu propia vida, eres tú mismo, que vives aprisionado bajo los sentimientos de culpabilidad, el rencor o el resentimiento.

Como en el caso de Pablo, se puede pensar que es lógico no sentirse capaz de perdonar. Él concibe que el dolor causado, sin aparente culpa por su parte, es excesivo y, por tanto, es arrastrado por la tristeza y la rabia. Un gasto emocional demasiado alto para el cual no hay perdón.

Con serenidad, Pablo podría hacer un proceso que conlleva tres actos: aceptar, reflexionar y reconsiderar. Ello supone tomar distancia emocional del dolor causado, aligerar la ofensa causada y legitimar el derecho de la otra persona.

En estas circunstancias, los efectos positivos y placenteros de la reconciliación superan a los efectos negativos y displacenteros de la rabia, el resentimiento, el rencor y la necesidad de venganza que, seguro que, en algún momento se le pasó a Pablo por la cabeza. Podríamos asegurar que el perdón renueva, cura, calma y da paz interior.

En general, hay otros factores que no nos dejan perdonar. Cuando creemos que una ofensa es imperdonable o que nos mostraríamos débiles si perdonáramos, la rigidez para aceptar errores en los demás y en nosotros mismos.  Y, especialmente, esa misma rigidez no reparar el daño que estamos causando a la otra parte, lo cual sí es un signo de debilidad emocional.

¿Qué no es el perdón?

No es hacer ver que todo va bien, no es renunciar a decir que algo no funciona o está mal. Si quieres perdonar, no lo confundas con disculpar reiteradamente una misma conducta que, sin embargo, daña tus sentimientos de la misma manera que se deja caer alcohol, una y otra vez, en una herida que nunca se deja cicatrizar del todo.

No es sólo un sentimiento. También es una decisión: la tuya. Puedes decidir perdonar o no hacerlo. Y sea cual sea tu decisión, quizás lo más importante es que debes ser generoso y decidir renunciar a tu derecho a ser compensado por aquello que te haya hecho la otra persona.

Pero hay que ser selectivo en nuestras batallas. A veces tener paz es mejor que tener razón.

En cualquier caso, tómate tu tiempo para perdonar. Como cualquier otra decisión, conlleva esfuerzo y, en el camino, aprendemos y crecemos ya que debemos enfrentarnos a nosotros mismo y a todo aquello que no nos gusta.

¿Cómo se puede sentir el que ha de perdonar?

Si quieres perdonar puedes ejercer tu derecho a estar en desacuerdo, a tener una opinión distinta, a exigir respeto, consideración. Pero, por otra parte, debes tener una actitud de escucha activa ante quien te hirió – por muy profundo que lo hiciera – ya que todos cometemos errores, incluidos nosotros mismos.

Es importante que asumamos el dolor producido por la ofensa y reconozcamos de qué manera nos ha afectado. Aun así, hay que coger perspectiva, especialmente de los sentimientos negativos como la rabia y la venganza, aceptando que estos no harían nada más que producir aún más dolor.

De la misma manera, hay que intentar aceptar los motivos que pueden llevar a una persona a ofender o herir a otra y decidir si queremos seguir estando cerca de esta o estas personas o si, por el contrario, nos preferimos alejar.

¿Cómo se puede sentir el perdonado?

Pedir perdón no es simplemente un acto verbal sino que conlleva un compromiso serio de que no va a volver a ocurrir aquello que nos ha producido dolor. El arrepentimiento de quien falló es un elemento imprescindible ya que aquél que generó el conflicto es capaz de comprender al otro, de sentir de la misma manera que el otro siente y tener necesidad de corregir el error producido por sus palabras o sus actos.

Pero muchas veces, debido a que no contamos con la suficiente dosis de humildad – o tenemos una dosis excesiva de orgullo – no somos capaces de pedir perdón. De la misma manera, en ocasiones, pedimos perdón pero la tendencia del otro a minimizar “no te preocupes, no pasa nada”, produce en el que ha ofendido la falsa sensación de que su ofensa no ha sido muy importante, por lo cual se es poco sincero.

Aprender a perdonarse a sí mismo

Es un aspecto muy importante para aumentar la autoestima, crecer como personas y ser más felices. Es un rasgo común de las personas perfeccionistas que no toleran la posibilidad de equivocarse. Es muy importante entender y aceptar que, como todos los humanos, nos podemos equivocar pero que lo importante es corregir los errores, aprender de ellos y dejarlos atrás para poder seguir con una vida lo más plena posible, tras habernos perdonado.

No sirve de nada obsesionarse con esos errores puesto que el pasado ya no se puede cambiar. Lo único que podemos modificar es la percepción que nosotros tenemos acerca de nuestro pasado. De nuevo, perdonarse es indispensable para avanzar hacia el futuro. De la misma manera, tampoco sirve de nada alimentar sentimientos de rabia y rencor contra alguien que nos hizo daño en el pasado porque ello sólo nos impide avanzar a nosotros.

Pautas para aprender a perdonar

  • Tiempo. Asume lo que ha sucedido y solo perdona cuando estés preparado para hacerlo.
  • Toma la decisión: perdona. Piensa dos cosas. El perdón es un acto consciente y voluntario y perdonando te haces bien a tí mismo y a la otra persona.
  • Ten calma. Sé que en un primer momento estás lleno de rabia, ira y deseas vengarte. Piensa que no vale la pena. A la larga, saldrías perdiendo y te sentirías peor. Así que respira, relájate, visualiza algo que te tranquilice, algo bonito.
  • Haz un análisis lo más objetivo posible de la situación. Ten en cuenta tu propia responsabilidad en lo sucedido. Si decides que perdonas, tampoco es necesario que le vayas a decir en persona, a quien te ha herido o te ha dañado emocionalmente, que lo haces. A veces hay daños que tardan mucho tiempo en curar pero lo más importante es conseguir que llegue el momento en que no interfieran en tu vida. A lo mejor, hasta necesitas perdonarte.
  • Quítale el poder al agresor sobre tu vida. Si tú te haces responsables de tus actos, de tus decisiones, de tus sentimientos, la única persona con capacidad para cambiar el rumbo de tus propias vivencias, dejas de estar cautivo de aquel que te había ofendido ya que tomas las riendas de tu propia vida.
  • Reconoce que mereces ser tratado con respeto. Como mínimo, el mismo respeto con el cual tú has tratado siempre a la persona que te ha ofendido y que te ha herido. Reconocer que te ha hecho daño no es un signo de debilidad, al contrario. Detrás del mismo se puede hallar, de cualquier modo, la tristeza, la humillación o la decepción.
  • Expresa tus emociones. ¿Necesitas llorar? Hazlo. Todo lo que sea necesario pero hasta que te sientas mejor porque, entonces, es el momento de retomar aquellas actividades agradables con las que antes disfrutabas ¿te acuerdas?

“El perdón libera el alma y elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa” (Nelson Mandela)   Sobre la autora de este artículo

Dolors Mas Delblanch psicologa siquia 150x150 Consecuencias de un accidente de tráficoMaría Dolors Mas es psicóloga en Barcelona con Nº Colegiada 17222. Sus especialidades son la ansiedad, la depresión y el TDAH. Puedes dejarle tu consulta y resolver tus inquietudes a través de este enlace.  Consecuencias de un accidente de tráfico

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