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La violencia oculta contra la mujer

no violencia mujeresHabitualmente se asocia la violencia de género a la física y ésta no es más que la punta del iceberg de la violencia que sufren las mujeres. Además de la violencia física existen otra multiplicidad de formas de ejercer violencia: violencia sexual, emocional, social, simbólica, económica,… El problema con estas violencias es que se ejercen mayoritariamente de forma oculta, con el desconocimiento tanto del que la ejerce como del que la sufre y el que la observa, y no se ven porque están naturalizadas.

Según explica la Comisión de Igualdad del Colegio de Psicología de Bizkaia “que no se vea esta violencia no significa que no produzca efectos, con las violencias ocultas ocurre lo mismo que con la radiactividad y produce daños sin ser vista”.

“En nuestra sociedad bastantes o muchos hombres abusan de las mujeres sin ser conscientes de ello y también las mujeres se someten a dichos abusos o maltrato sin enterarse. A través de los roles de género que dividen las funciones que hombres y mujeres cumplen en la sociedad y en las relaciones, entre ellos se va configurando las percepciones, pensamientos y conductas de todos los miembros de la sociedad así como se define el perfil del agresor. Esta violencia ha pasado desapercibida y no se ha valorado suficientemente su impacto sobre la salud de las personas”, destacan.

En este contexto, señalan algunos aspectos de cada tipo de violencia que se ejerce contra las mujeres para visibilizar este problema:

Violencia física 

“Hablamos de violencia física para referirnos a aquella violencia ejercida contra la mujer que atenta o puede atentar contra su vida o integridad física. Cualquier acto no accidental que produzca o pueda producir daño físico, incluyéndose acciones que puedan producir o produzcan lesiones graves e incluso la muerte de la mujer incluyéndose acciones tales como empujar, golpear, lanzar objetos, etc”, afirman.

Violencia psicológica 

Las especialistas subrayan que “para cuando la violencia física se hace visible, y estamos hablando del ámbito de la pareja, y de las relaciones más cercanas; el agresor lleva tiempo haciendo una labor de destrucción incisiva y silenciosa de la persona, que denominamos violencia psicológica”.

“Es una especie de red que muchas veces desde actitudes socialmente aceptadas como la desvalorización de las mujeres, desprecio, etc.; va destruyendo el sostén de la persona, su autoestima, su voluntad, su capacidad para decidir y ser autónoma; llevándola a unos cuadros sintomáticos que vemos en diagnósticos de trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastornos por estrés postraumático, conductas adictivas, etc. y en los índices de suicidio”.

Violencia sexual

“A menudo nos encontramos que la violencia sexual no se percibe por la mujer como tal al darse dentro de la pareja. Son muchas las mujeres que no reconocen que la sexualidad forzada por su pareja es una violación. Por ello, aunque es una de las prácticas más habituales de la violencia contra las mujeres, es de las menos denunciadas a nivel mundial”, denuncian.

Asimismo, afirman que “a su vez, han sido factores coaccionadores a la hora de interponer denuncia: la tolerancia social que tradicionalmente ha existido, así como factores interrelacionados como el miedo a las represalias del agresor, ser considerada culpable de lo ocurrido, la vergüenza a que se conozca la situación públicamente, falta de apoyo familiar y/o social, la confusión o conmoción psicológica provocada por la agresión, la falta de información, etc.”.

Violencia económica

Por otro lado, desde el Colegio de Psicología de Bizkaia aseveran que “el hecho de la restricción en el manejo del dinero y en la administración de los bienes, genera niveles de estrés en la mujer y probablemente en sus hijos”. En cuanto a las manifestaciones del maltrato económico del hombre hacia la mujer, las expertas desgranan que se pueden encontrar las siguientes: la reclamación sobre cómo gastan el dinero, la prohibición de que puedan trabajar o estudiar, la acusación de que se gastan el dinero destinado al hogar en asuntos banales y/o las amenazas de quedarse con los bienes de propiedad de la mujer. Todo esto constituye un delito que afecta a numerosas mujeres y a sus hijos de forma inevitable”.

“Entre los efectos negativos de la violencia económica destacan las relaciones de dependencia económica, vital y funcional que pueden crearse hacia el hombre. Otra influencia negativa fundamental que este maltrato ejerce sobre las mujeres (como en cualquier forma de maltrato), es el detrimento que causa en la autoestima de las mujeres, lo que les hace más vulnerables a ser víctimas de otros tipos de violencia”, detallan.

Violencia social 

Por último, las especialistas quieren hacer hincapié en en que “la violencia contra las mujeres tiene profundas raíces sociales y culturales y está vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres en diversos ámbitos como social, económico, religioso y político, pese a los innegables avances en las legislaciones nacionales e internacionales a favor de la igualdad de derechos”.

“Los estereotipos cuando son negativos crean y mantienen las relaciones de dominación. Por ejemplo, podemos decir que las mujeres son más amorosas, que no poseen tanto poder de decisión, de motivación. A partir de entonces es más fácil pagar menos a las mujeres.  Lo masculino y sus conductas han sido representados como lo normal y lo valorado. Mientras que lo femenino ha sido silenciado y se le ha identificado con la naturaleza, devaluado y débil. El patriarcado es sutil, invisible e innombrable, esa es su fortaleza. Advertir el patriarcado en la vida diaria es una misión de observación rigurosa y polémica”, concluyen las expertas de la Comisión de Igualdad del Colegio de Psicología de Bizkaia.

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