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Confianza, el mejor remedio contra el miedo

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¿Te dejas llevar por el exceso de suspicacia y la desconfianza? // Fotografía de Bob Smith

Vivimos en un contexto de consecuente violencia de cualquier tipo y en cualquier escenario. Violencia de género, violencia terrorista, violencia en las aulas. Incluso hay una desmesurada dosis de violencia en los distintos productos de entretenimiento, a saber: películas, series e incluso programas infantiles. ¿Qué repercusión tiene todo esto? A nivel psicológico, e inconsciente, nos volvemos más cautelosos y suspicaces llegando a desconfiar de todo a fin de preservar nuestra seguridad. En consecuencia, construimos una sociedad donde todos somos enemigos de todos.

Llegados a este punto podemos decir que sí, que vivimos dentro de una considerable seguridad pero que depende de una existencia alienada y encerrada en una especie de burbuja. ¿Debemos prescindir de las relaciones sociales por el miedo a que se abra una brecha en nuestra seguridad? Más allá de desarrollar esta excesiva suspicacia, hay otras vías para superar esta inconsciente tendencia a la desconfianza. ¿Cómo?

“Abriéndonos más, no menos” es la solución que aporta Ethan Gilsdorf, periodista especializado en psicología y recurrente articulista en The New York Times o el Boston Globe entre otros. Él mismo asegura que aunque parezca incomprensible es, en realidad, “más que lógico”: es más fácil que ocurran desgracias fruto de la violencia cuando la sociedad se aliena ya que es en estos momentos de desvinculación generalizada cuando los autores de actos de violencia o terroristas, psicológicamente se sienten más desconectados de la sociedad y menos sensibles hacia “su destrucción”. Parece ser, pues, que como dice el dicho, “la unión hace la fuerza”. Gilsdorf ofrece sus cinco pasos para ayudarnos a sentirnos más seguros y conectados con los demás y, así, incrementar nuestra confianza y vencer nuestros miedos y fobias.

Cinco consejos para que aumente la seguridad en ti mismo

1. Sé educado. Probablemente es el primer nivel y el más básico del manual de civismo pero, como apunta Gilsdorf, “las cosas más simples son las que más ayudan a suavizar nuestras interacciones sociales”. Saludar cordialmente cuando llaman a nuestra puerta es un simple y mero gesto que tanto incrementará nuestra seguridad como la del otro.

2. Comprométete. Gilsdorf aconseja entablar cada día una conversación con al menos una persona desconocida, o muy poco conocida en su defecto. “Por ejemplo con alguien que espere junto a ti en el andén del tren, alguien que pare contigo ante un semáforo en rojo o el típico encuentro en un ascensor”, ejemplifica el experto. La simple y tópica interpelación de “¡cómo está el tiempo!” es una buena frase para compartir gestos de cordialidad con la gente de nuestro alrededor que nos harán sentir instantáneamente más conectados a la sociedad.

3. Ten confianza. Pongamos un ejemplo: te encuentras trabajando con tu portátil en una cafetería y, de repente, te urge ir al baño. ¿Qué haces? Generalmente solemos coger todas nuestras cosas, ir al baño, y regresar – esperando que no nos hayan “robado” el sitio – para volver a desempaquetar nuestra acampada. ¿No sería más fácil pedir al desconocido de al lado que le eche un vistazo a nuestras pertinencias? Confiar las propias posesiones, las más valiosas incluso, a alguien que no conocemos ensancha y “refresca nuestro espíritu”. Gilsdorf lo tiene claro: “debes confiar, pero tampoco pecar de estúpido”. Quizás este mismo acto no lo harías en otro contexto pero en una biblioteca, cafetería o rincón común de trabajo, ¿por qué no?

4. Conoce a tus vecinos. Hace unas décadas, y no tantas, eso de picar al timbre del vecino de al lado para pedirle huevos, harina o leche era lo más común del día a día. Hoy, raramente conocemos su nombre. Cuán más cercanos virtualmente estamos de todo el mundo, más nos alejamos de aquellos que tenemos físicamente al lado. Conócelos. Salúdalos cuando os crucéis por la calle, por las escaleras, por el rellano. Incluso invítales a comer, ofréceles tu ayuda y reclama la suya. Y, ya sabes, si necesitas una pizca de azúcar, ¿para qué ir al otro extremos de la calle pudiendo tener esos pocos gramos con un simple “buenos días”?

5. Reconoce la existencia de los demás. Lo acabamos de decir: estamos más ciberconectados que nunca pero más físicamente desconectados que nunca. Así pues, Gilsdorf recomienda: “levanta la cabeza de la pantalla de tu Smartphone y saluda al primer transeúnte que se cruce contigo en la calle”, “interactúa con los demás en persona y no vía Facebook”. Se trata de “ver” que estamos realmente rodeados, tomar consciencia de que somos un colectivo “vivo”.

¿Os animáis a probar estos ejercicios? Aunque puedan sonar alocados e inusuales – consecuencia de nuestra actual cultura que nos lleva a la desconexión social – estos meros actos ayudan a reconstruir y reforzar el sentido de comunidad. No podemos olvidar que somos seres sociables y que dependemos en cierto grado de esta sociabilidad para sobrevivir. Es una necesidad humana. ¿Qué os parece?

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