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Síndrome de la persona esponja

persona esponja¿Sientes la necesidad de ayudar a todo el mundo? ¿Lloras de forma habitual mientras ves el telediario? ¿Te cuesta decir que no cuando alguien te pide ayuda? Si antepones los problemas de los demás a los tuyos, presta mucha atención al siguiente artículo, podrías padecer lo que algunos psicólogos llamamos “síndrome de la persona esponja”, o “hiperperceptividad”.

¿Qué es el síndrome de la persona esponja?

Tranquilo, el síndrome de la persona “esponja” no es un síndrome propiamente dicho, se trata de un tipo de personalidad que, debido a toda una serie de rasgos sensitivos con los que cuenta, lleva a la persona que la padece a presentar sufrimiento ante gran cantidad de estímulos.

Si este es tu caso has de saber que no estás solo, entre un 15 y un 20% de personas presentan una personalidad altamente sensible. Es crucial a la hora de detectar este tipo de personalidades que observes si de forma periódica te sientes extenuado, llegando a un punto en el que prefieres aislarte del mundo y no tener que hacer frente a ningún estímulo. Otros de los rasgos característicos que definen a una persona esponja son:

  • Aprecia la belleza a su alrededor.
  • Es perfeccionista y muy intuitiva.
  • Muy emotiva y empática.
  • Se lleva todo al campo personal y es muy sensible a las críticas.
  • Es muy consciente de su propia persona y tiene una gran capacidad para la autoobservación.
  • Se agobia con facilidad.
  • Es responsable.
  • Tiene una gran reactividad emocional.

¿Qué puedo hacer?

Ábrete a los demás

Es fundamental que aprendas a expresar y canalizar tus sentimientos. Comparte tu gran sensibilidad con los demás y siéntete mejor contigo mismo al saber que no solo recibes sino que también aportas algo al resto de la sociedad.

Aprende a ser compasivo y empático

Ser empático es una gran virtud pero puede convertirse en tu gran defecto si dejas que todo lo que les ocurre a los demás te afecte de igual manera a ti. Has de aprender a controlar cómo te sientes, distinguiendo entre los que son las emociones del otro y las tuyas.

Ponte a ti por delante del resto

No hay nada malo en anteponer tus necesidades a las de los demás. Dedícate tiempo a ti mismo para descansar, practicar algún hobby, cuidar tu alimentación o simplemente para pensar en cómo te sientes y en cómo te gustaría sentirte.

Marca los límites

Uno de tus mayores esfuerzos deberá ir dirigido a aprender todos aquellos mecanismos que te generen cierta independencia exterior para no llegar al colapso y desequilibrarte.

Aprende a decir que no y a no sentirte culpable por ello. Al fin y al cabo se trata de que consigas ser fiel a ti mismo, respetando y haciendo que los demás respeten tu tiempo, tus ritmos y tus necesidades.

No reniegues de tu personalidad.

Las personas sensibles y con el don de la empatía son más fieles en sus relaciones de amistad y capaces de generar un clima de intimidad, pasión y magia como nadie sabe hacerlo. Pero recuerda, la compasión es buena solo en su justa medida.

Si crees que necesitas ayuda no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos quienes te ayudarán a controlar tus emociones, desde la primera sesión gratuita.

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