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El trauma de la vuelta al cole

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El nuevo curso ha empezado. Las aulas vuelven a estar repletas de niños y niñas chillando, riendo, jugando, saltando y llorando. Siempre hay algún niño que llora al inicio de curso, los informativos nos ofrecen las imágenes de los pobres niños a la entrada del colegio abrazando a sus madres como si no hubiera un mañana. Y las madres y padres, descompuestos, haciendo de tripas corazón y dejando al niño en el colegio.

Cada año se repiten estas escenas que seguro que no os resultan ajenas. Todos los niños, en algún momento, deben pasar por el periodo de adaptación a la escuela, y éste pasa casi inevitablemente por el llanto.

Cuando los niños ya son veteranos en esto de acudir a la escuela, los lloros y el periodo de adaptación después de las vacaciones suele ser menor, la mayoría de ellos tiene ganas de regresar al colegio y de jugar con sus amigos. Pero hay algunos niños a los que realmente se les hace una montaña volver a las clases, quizás porque el año anterior tuvieron una mala experiencia escolar.

El periodo de adaptación

Después de las vacaciones los adultos tenemos el conocido síndrome postvacacional cuando debemos retomar nuestra rutina y
enfrentarnos de nuevo al trabajo. El periodo de adaptación de los niños ante el inicio del curso escolar puede tener unos síntomas similares: se sienten cansados y sin fuerzas todo el día, se les ve decaídos, pueden manifestar dolores de cabeza fruto del estrés, trastornos pasajeros de la alimentación (comen mucho más o mucho menos que normalmente), etc.

Para hacernos entender que no quiere ir al colegio el niño puede fingir enfermedades por las mañanas, por ejemplo, quejándose de dolor de garganta o de cabeza. Estas “enfermedades” si se les consiente quedarse en casa se curan milagrosamente a lo largo del día y vuelven a aparecer a la mañana siguiente. Por supuesto, las rabietas y los lloros nos dejarán muy claro el punto de vista de nuestro hijo con respecto al colegio.

Este periodo de adaptación al colegio después de las vacaciones suele durar entre dos días y tres semanas. Normalmente a la cuarta semana de curso todos los niños han asumido que deben ir al colegio y no se oyen prácticamente sollozos en las aulas.

Hay ocasiones, sin embargo, que el periodo de adaptación se hace un poco más largo y parece que el niño empieza a desarrollar una verdadera aversión al colegio. El temor de los padres en este punto es que el niño sufra dificultades a nivel personal, “se siente mal por no poder parar de llorar”, social, “los niños se ríen de él cuando llora”, y académico, “no puede seguir las clases con normalidad debido a su ansiedad”.

Causas de la dificultad de adaptación al colegio

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No se pueden especificar una causa única por la cual un niño desarrolla esta dificultad de adaptación mientras los demás se sobreponen a ella prácticamente de inmediato. Por lo general, los niños que tienen más dificultades de adaptación a la escuela son los que tienen algún tipo de dificultad propia, ya sea social, comunicativa o de aprendizaje.

Algunas de las causas posibles son:

  • Mala relación con uno o varios profesores: el niño se queja de que el profe le tiene manía, que no le hace caso o que le riñe demasiado.
  • Demasiadas exigencias académicas: quizás el problema sea que haya habido un cambio de ciclo escolar y ahora tenga más deberes, o bien que se le haya cambiado de centro y se haya dado cuenta de que este año le van a exigir mucho más.
  • Problemas con los compañeros de clase: bien porque es nuevo y no los conoce todavía, o bien porque ya los conoce y hay algún problema que se lleva arrastrando desde el año anterior.
  • Celos de su hermano pequeño: esto es muy común. Él debe ir a la escuela e interpreta que su hermano pequeño se queda en casa recibiendo todas las atenciones de su madre.
  • Dependencia materna o paterna: después de las vacaciones, un periodo de tiempo en el que hemos pasado muchas horas juntos, debemos volver a separarnos. También se puede dar después de un periodo de enfermedad más o menos largo.
  • Temor a dejar la seguridad del hogar: hay niños más miedosos que otros. Puede ser que el problema sea que tu hijo se siente inseguro dejando su casa para ir a un lugar, quizás desconocido, rodeado de gente más o menos desconocida.

Recomendaciones para los padres

Cuando el niño está sufriendo un periodo de adaptación a la escuela especialmente complicado, los padres suelen estar desorientados. No entienden por qué pasa y mucho menos saben qué medidas deben tomar. Aquí van algunos consejos que os pueden ayudar a que el proceso de adaptación sea más rápido y menos traumático.

Debemos tener en cuenta que el periodo de adaptación no es exclusivamente de los niños, los padres también se sienten alterados ante la adaptación de nuevo a la rutina y, aunque nos parezca que no, el niño es consciente de ese estado alterado. Así que la primera recomendación es intentar que nuestro estado altere lo mínimo a nuestro pequeño.

Es importante que los padres creen un entorno positivo respecto a la escuela. Hablarle al niño de lo divertido que es ir al colegio, incluso explicarle anécdotas de cuando nosotros éramos pequeños e íbamos, puede ser una buena táctica para que entienda que el colegio no es un castigo.

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Debemos interesarnos genuinamente por cómo le va en el colegio pero sin hacer de ello un interrogatorio.

Intentad establecer la hora de la merienda, por ejemplo, como la hora de hablar de lo que hemos hecho durante el día. No sólo ellos, también los adultos aprovecharán para explicar qué han hecho en su jornada de trabajo. Así el niño entenderá que cada uno tiene sus obligaciones y que el hecho de que papá y mamá no estén en el colegio no quiere decir que estén jugando en casa.

Por las mañanas intentad no salir con prisas. Levantáos un poco antes e intentad desayunar juntos, aunque sólo sea el colacao y el café con leche respectivos. Aprovechad ese momento para hablar sobre lo que os depara el día y discutir, por ejemplo, qué ropa se va a poner. De esta manera el inicio del día será mucho menos estresante y podremos ir preparando a los niños para la entrada al cole.Intentad cuidar el sueño más que nunca. Marcad una rutina para ir a dormir más o menos a la misma hora durante toda la semana y respetad los horarios de sueño. Lo mejor es que el niño se vaya a dormir tranquilo y relajado, por lo que leerle un cuento o cantarle una nana, si nos lo pide, puede ser una buena opción para que duerma mejor.

Preparáos un desayuno completo. Antes de salir de casa procura que además del vaso de leche coma un par de galletas. Pon en su bolsita de desayuno un brick de zumo (mejor si es sin azúcares añadidos), un bocadillo con un embutido ligero (jamón dulce, pavo, jamón serrano o queso suave, por ejemplo) y un puñado de frutos secos. De esta manera el niño tendrá energía suficiente para todo el día.

Y sobretodo, hablad con él, la comunicación en familia es la base de una buena estabilidad emocional. Interesáos por su estado de ánimo, por ver qué le preocupa y por tranquilizarle. Hacedle entender que es normal que se sienta triste y que tenga miedo, que todos lo tenemos alguna vez, y recordadle que vosotros estáis ahí para lo que necesite.

Si a pesar de todo la situación se alarga más allá de un mes, quizás sea el momento de consultar con un especialista en psicología infantil. En Siquia puedes encontrar el más adecuado a vuestras necesidades y sin tener que salir de casa, si no queréis.

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One Response
  1. Macarena 24 agosto, 2016 / Responder

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