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El origen de los miedos

miedos inseguridadesEn la actualidad, no es difícil sentir miedo. Se puede sentir miedo a perderlo todo, al fracaso, a hablar en público, a no poder defender los propios límites, a a traición, al cambio y a la soledad.

Para poner un ejemplo muy concreto que pongo en consulta: imagina que vas por una callejuela oscura, es invierno cerrado, es casi imposible ver a unos pasos detrás de uno mismo. Tienes que atravesar necesariamente esa calle para llegar a su casa. Una noche aparece un individuo con un cuchillo. Como es obvio, es un peligro real, no percibido. Allí se inicia de una forma automática el circuito complejo del miedo. ¿Qué ocurre? Aparece taquicardia, hipertensión, un nudo en el estomágo y se enciende la alerta cerebral.

Ante esta situación, existen dos posibilidades: quedarse bloqueado – con lo cual el individuo del cuchillo le alcanzará – o salir huyendo que es lo que más probablemente ocurrirá. El cerebro hace un análisis rápido y toma la mejor opción: la huida.

Por parte del cerebro, la información viene dada por una zona llamada amígdala cerebral. Adquiere este nombre porque tiene forma de almendra anclada en la corteza cerebral y lugar donde reside el centro del miedo y de las emociones y controla la respuesta del organismo.

La amígdala está unida al hipotálamo y al tallo cerebral, que se hallan bajo la propia corteza cerebral y en la base del cráneo. Según Ledoux de la Clínica del Miedo y la Ansiedad, en el ejemplo descrito, “no huimos porque estamos asustados, simplemente, estamos asustados porque corremos”. Ha investigado la amígdala mediante estudios con voluntarios a quienes se les muestran diversas expresiones faciales que manifiestan pánico. Se les hace una RMNf y se observa que hay personas en que la sangre fluye más rápido que en otras, es decir, hay gente más o menos miedosa.

Por su parte, Justin Feinstein de la Universidad de Iowa junto con Antonio Damasio, publicaron recientemente en Current Biology, el caso de S.M. una mujer de 44 años que nació con una enfermedad rara, el Síndrome de Urbach-Wiethe, que supuso la calcificación de la amígdala lo que le provocaba que podía sentir cualquier emoción excepto miedo. Los investigadores le llevaron al lugar donde a los 30 años fue víctima de una tentativa de un atraco pero ante su falta de miedo, no le hicieron nada, a pesar de ser  un barrio peligroso.

Sin embargo, S.M. recordaba haber sufrido los miedos infantiles cuando tenía menos de 10 años: miedo a la oscuridad, miedo a un perro que le empezó a gruñir cuando le estaba acariciando. Todo ello se explica porque la calcificación de la amígdala fue gradual a partir de los 20 años.

¿Cuándo aparecen los miedos?                                                                                                                                      

Miedos infantiles. Son los miedos primarios, aquellos que experimentamos cuando aún dependemos de alguien. Es precisamente la necesidad de pertenencia y reconocimiento lo que nos proporciona seguridad. De hecho, más que miedo es la forma como el niño reacciona a sus estímulos internos o externos.

Miedo a la separación/divorcio. Suele aparecer durante los primeros años de la infancia pero también unos años después si la persona no siente suficiente ternura ni cariño por parte de los próceres.

Miedo al castigo. Desde pequeños, existe el refuerzo positivo a sí como refuerzo negativo – o “castigo”- tanto por parte de padres, tutores, otros adultos,… que van produciendo cicatrices en nuestro inconsciente. Las limitaciones, prohibiciones y reglas se realizan siempre bajo un refuerzo negativo, lo que genera sentimientos de culpabilidad en el menor y miedo por si, en algún momento, su actitud contraviene dicha normativa. La persona acaba formando la idea de que sólo podrá ser aceptado – ¡y querido! – si cumple las normas.

Todo ello es necesario para nuestro desarrollo pero, es posible, que carguemos con algunas de estas heridas y ello es lo que, muchas veces, nos hace poner corazas contra el miedo pero, también, contra otras emociones. Como mecanismo de defensa nos sirve como:

  • Señal de alerta adquirida.
  • Moviliza los recursos fisiológios del organismo.
  • Expresa una emoción ante un peligro, ya sea real o percibido.
  • Busca soluciones y obtiene recursos.

¿Tienes miedo a todo? Deja tu consulta y te ayudamos a entender por qué pasan y a superarlos.

Sobre la autora de este artículo

Dolors Mas Delblanch psicologa siquia 150x150 Consecuencias de un accidente de tráficoMaría Dolors Mas es psicóloga en Barcelona con Nº Colegiada 17222. Sus especialidades son la ansiedad, la depresión y el TDAH. Puedes dejarle tu consulta y resolver tus inquietudes a través de este enlace.
 Consecuencias de un accidente de tráfico

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