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La envidia, una emoción de todos y para todos

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Desde bien pequeños, los estímulos de nuestra sociedad nos inducen a desarrollar la emoción de la envidia

¿Envidioso, yo? Pues sí. Todos los seres humanos sentimos envidia, nos guste o no. A fin de cuentas, la envidia forma parte de nuestro complejo sistema emocional, junto a la alegría, a la sorpresa o al amor. Numerosos expertos han teorizado acerca el tema reiteradamente pero parece ser que, dentro de la opinión pública, el concepto de la envidia no es bien aceptado. ¿Por qué negamos algo que es innato y natural en nuestra esencia?

La emoción de la envidia nos produce unos síntomas: los sentimientos; que no son más que la manifestación somática de una emoción. Así pues, la rabia, la frustración o el malestar son los sentimientos que tienden a manifestarse cuando la envidia nos corroe. Por general, dichos sentimientos conllevan las sensaciones físicas de encogimiento del estómago, acaloramiento o temblores. Pero más allá del cómo o el qué, ¿por qué sentimos envidia?

¿Por qué sentimos envidia?

La envidia nace de una carencia personal. El individuo que siente envidia, se siente también embriagado por un sentimiento de inferioridad respecto a los demás, por lo que compite por “conseguir” aquello que cree que le falta respecto al resto. Además, la envidia provoca que el individuo tan solo piense en obtener lo que poseen los demás. En este sentido, la envidia mueve al individuo a sentir tristeza y malestar propio ante el bien o la prosperidad ajena, llegando a causar depresión, conductas masoquistas o trastornos psicológicos.

¿Cuándo?

Desde la más incipiente infancia, el individuo está socialmente expuesto a la envidia. Nuestra sociedad se desenvuelve alrededor de patrones de conducta basados en la superación, la excesiva ambición y la necesidad del éxito. El deseo de hacer daño al otro a nuestra costa es una de las peores concepciones sociales que se han establecido culturalmente en nuestra sociedad. Esta tríada provoca los sentimientos de la envidia que se traducen socialmente en forma de críticas, calumnias, manipulación, venganza o incluso agresiones físicas.

¿Cómo? 

Cuando sentimos envidia terminamos idealizando el objeto de nuestra envidia, aquello que creemos que nos falta. Esta carencia puede ser tanto objetos materiales como aspectos personales que vemos en alguien con quien nos comparamos destructivamente, llegando a creer que necesitamos es cualidad para ser aceptados socialmente. La exhaustiva necesidad de querer obtener esa carencia termina provocando frustración: logremos o no nuestro objetivo, nunca será suficiente y siempre seguirá siendo mejor el individuo a quien envidiamos.

¿Para qué?

Aunque pueda parecer una emoción destructiva, a fin de cuentas, como toda emoción, la envidia también tiene una utilidad en nuestra existencia. Algunos expertos apuntan que la envidia puede convertirse en un motor para el avance y la mejora personal. De ahí surge la idea universalmente generalizada de la “envidia sana”, aquella que nos mueve a querer mejorar, a desarrollar la mejor versión de nosotros mismos de una manera constructiva y nada autoexigente o peyorativa para nuestro bienestar. Así pues, la envidia, en su justa medida, si se sabe gestionar puede sernos útil para evitar que ciertos sentimientos nos dañen.

¿Quién?

Ya lo hemos dicho: todos sentimos envidia. Es la realidad. Inevitablemente, los estímulos sociales nos inducen a incorporar lo que nos llama de otros. Esto nos impulsa a crecer y desarrollarnos, el tipo de “envidia” ventajosa que comentábamos. Y esta tendencia natural que motiva nuestro desarrollo está escrita en nuestro ADN.

Cuando queremos dañar al otro entonces ya desarrollamos una envidia desmesurada y patológica. ¿Quién es más envidioso? El grado de envidia que desarrollamos depende de nuestras experiencias y nuestras historia.

¿Qué hacer?

Si sientes que la envidia domina tu vida y, en vez de motivarte hacia tu propio crecimiento y desarrollo personal, te está provocando un sufrimiento desmesurado, lo más recomendable es recibir apoyo psicológico. En Siquia ponemos a tu disposición nuestro equipo de psicólogos online especializados, que podrán orientarte hacia tu bienestar.

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