Albert Bandura: 60 años dedicados a la investigación en psicología

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Salud Mental
Lucía Lorenzo
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2021 se ha convertido en un año funesto para la psicología de más alto nivel: el 26 de julio fallecía Albert Bandura, de 95 años, tras haber dedicado más de la mitad de su vida a la psicología. Su dedicación no había caído en saco roto: en 2002 una encuesta situó a Albert Bandura como el cuarto psicólogo más citado, tan solo por detrás de eminencias como Sigmun Freud, B. F. Skinner y Jean Piaget.

Albert Bandura

Aunque nació en Canadá, los padres de Albert Bandura eran emigrantes europeos. Fue el último de seis hermanos y, aunque llegaría a ser reconocido por su trayectoria académica, su enseñanza comenzó en un centro con pocos recursos. Con solo dos profesoras para atender a todo el alumnado, que iba desde los primeros cursos de educación primaria hasta la secundaria, Bandura tomó las riendas de su propia educación desde muy corta edad.

Lo que cualquier otro habría considerado un obstáculo insalvable, se convirtió en una bendición para él. En su autobiografía llegó a afirmar que «la carencia de recursos educativos se convirtió en un factor de capacitación de gran ayuda, en lugar de en una deficiencia insuperable». Como tantos otros, Bandura comenzó a crecer mientras el mundo entero se sumía en la gran depresión. Su experiencia trabajando como carpintero durante la educación secundaria le serviría, años después, para financiar sus estudios universitarios en las universidades de Iowa y Columbia.

Él mismo afirma que fue la casualidad, y no la vocación, lo que le llevó a estudiar psicología. ¿El detonante? Un coche compartido que solía dejarle en la universidad mucho antes del comienzo de sus clases. «Un día, mientras esperaba para entrar a clase, encontré un catálogo en una mesa de la biblioteca. Mientras lo ojeaba vi un curso de introducción a la psicología que podía servirme para matar el tiempo. Cuando me apunté encontré mi futura profesión».

Los avances de Albert Bandura en la teoría del aprendizaje social

Tras graduarse en psicología en 1949 y en psicología clínica tan solo tres años después, Albert Bandura se sumió en un doctorado que tendría enormes influencias en su posterior carrera como psicólogo. Con sus investigaciones doctorales en la Universidad de Iowa comenzaría una larga trayectoria estrechamente relacionada con la teoría del aprendizaje social.

La teoría del aprendizaje social parte de una creencia aparentemente simple que ya habían contemplado los psicólogos conductistas: el entorno social tiene una gran influencia en el aprendizaje humano. Bandura coincidía en que la observación juega un gran papel en el aprendizaje de creencias y comportamientos.

Sin embargo, en una época en la que la psicología conductista estaba en auge, Albert Bandura se atrevió a incluir el factor cognitivo en la ecuación. De este modo, llegó a la conclusión de que había dos elementos clave en el aprendizaje: el ambiente y el propio pensamiento. De las teorías conductistas, que tan solo tenían en cuenta el impacto del ambiente en el aprendizaje, decía: «Una teoría que niega que los pensamientos pueden regular las acciones no es capaz de explicar correctamente la complejidad del comportamiento humano».

Podemos definir el ambiente como el espacio en el que se desarrolla la conducta. Durante el proceso de aprendizaje el sujeto interpretará las reacciones de su entorno y extraerá ciertas creencias de la observación.

No obstante, el entorno no es el único factor a tener en cuenta. Bandura consideró que el aprendiz era un sujeto activo, capaz de prever las consecuencias de sus propias acciones y extraer sus propias conclusiones. Es decir, aunque el ambiente influye en la aceptación de ciertas creencias, no es el único causante del aprendizaje.

Las personas no solo obtienen conocimientos a través de la imitación, también son capaces de evaluar lo que ven y alterar su propio pensamiento.

Albert Bandura

La importancia de la observación en el aprendizaje social

Dentro de su teoría del aprendizaje social, Albert Bandura prestó gran atención al aprendizaje vicario, o aprendizaje por observación. Aunque Bandura sabía que la experiencia personal suponía una gran fuente de aprendizaje, llegó a la conclusión de que también era posible aprender mediante la observación del comportamiento ajeno.

Sin embargo, el aprendizaje vicario no implica solo un proceso de imitación. Debido al componente cognitivo de su teoría, Bandura determina que no solo aprendemos de los actos en sí, sino de las consecuencias positivas o negativas que observamos en los comportamientos de los demás. Por ejemplo, un niño podría aprender que pegar a los demás está mal sin necesidad de cometer ningún acto de violencia, tras ver cómo su madre regaña a su hermano mayor.

El experimento del muñeco Bobo de Albert Bandura

En 1961, Bandura puso en marcha un experimento que le permitiría determinar el papel de la observación en el aprendizaje de conductas violentas.

Modelo de muñeco bobo

Para su experimento Bandura utilizó 36 niños y 36 niñas de entre 3 y 5 años a los que más tarde dividiría en tres grupos. El experimento se desarrolló en una sala de juegos en el que había, entre otros juguetes, un muñeco bobo. Los niños del primer grupo observaron a un adulto que, tras jugar durante un breve periodo de tiempo, comenzaba a golpear al muñeco. Los del segundo también contaron con el ejemplo de un adulto, pero no observaron ningún comportamiento violento. Los del tercero no estuvieron acompañados de un adulto.

Albert Bandura no observó diferencias de comportamiento entre los niños del segundo y el tercer grupo. Sin embargo, los niños del primer grupo, que habían observado conductas agresivas por parte del adulto, demostraron tener un comportamiento mucho más violento hacia el muñeco.

Bandura extrajo de este experimento otros resultados interesantes. Por ejemplo, descubrió que los niños eran más propensos a imitar conductas agresivas que las niñas. Además, la agresividad aumentaba si observaban a un actor de su mismo sexo golpeando al muñeco.

Otras enseñanzas de Albert Bandura

Aunque dedicó gran parte de su carrera a investigar su teoría del aprendizaje social, Albert Bandura tuvo tiempo de sobra para sumergirse en otros campos.

Gracias a su interés por la psicología cognitiva, Bandura conocía el peso que tenían los pensamientos en la conducta.

Con la intención de que los pacientes fuesen plenamente conscientes de sus pensamientos, desarrolló una técnica que se conoce como terapia de autocontrol.

Así, instaba a los pacientes que querían modificar un hábito a anotar los pensamientos y conductas que tenían lugar antes y después de perpetuar dicho hábito. De este modo lograba que fuesen conscientes de los elementos del entorno que perpetuaban ese hábito que querían eliminar y, después, eliminaban esos componentes perjudiciales.

Igual de interesante es su terapia por modelado, centrada en el aprendizaje por imitación. Esta técnica implicaba a un paciente con un determinado problema, como la ansiedad, y a un actor con aparentemente el mismo tipo de problema, pero capaz de gestionarla de manera más efectiva.

Sus innovadoras teorías le valieron numerosos reconocimientos. Entre ellos se encuentran varios títulos de Doctor Honoris Causa en universidades tan variopintas como la de Roma, Berlín, o Salamanca. Además, fue el presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología y el presidente honorario de la Asociación Canadiense de Psicología.

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Sobre Lucía Lorenzo

Periodista especializada en salud mental

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