Autoestima: tipos y trucos para mejorarla

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Autoestima
Iván Herrero
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Como persona es imprescindible que aprendas a valorarte, a ver tus cualidades y a priorizarte en determinadas situaciones. El hecho de no hacerlo puede afectar gravemente a tu autoestima. Y esto, a su vez, puede deteriorar tus relaciones sociales, ya que tu estado de ánimo dependerá de las opiniones externas.

La autoestima es un constructo que está en constante evolución. Podemos definirla como el grado de aceptación que una persona tiene hacia sí misma y que proviene del autoconcepto de cada cual.

Los expertos en psicología afirman que el desarrollo de la autoestima tiene su época de formación en la infancia intermedia. Por eso es muy probable que el tipo de autoestima que tienes responda a tus primeras vivencias.

Tipos de autoestima

  • Alta y estable

Esta es la autoestima ideal. La que toda persona quiere conseguir. Las personas que poseen una autoestima alta y estable tienen una seguridad en sí mismas, saben defender su posición y postura de manera sólida y sin tambalearse.

Son personas capaces de reconocer tanto sus fortalezas como sus debilidades. Los puntos negativos de estas personas no interfieren en conseguir sus objetivos: consiguen las cosas “a pesar de…”, no excusan el fracaso.

Este tipo de autoestima hacen que las personas sepan que tienen el control sobre sus propias emociones, a pesar de las situaciones externas que puedan aparecer en su vida.

Otra cualidad que estimula los altos niveles de autoestima es la autonomía y la independencia, debido a la seguridad que la persona posee en sí misma. Intentará conseguir los objetivos que se proponga y asumiendo la responsabilidad del reto.

  • Baja y estable

A diferencia que la categoría anterior, estas personas no poseen la confianza necesaria para valorarse, tendiendo a la infravaloración y el diálogo interno con una gran carga negativa.

Esta constante minusvaloración de sus capacidades llevará a interiorizar la incapacidad de hacer cosas nuevas y pedir ayuda constante, debido al miedo a fallar y a fracasar.

Esta actitud puede tener consecuencias graves, como un estado de apatía constante, un obstáculo para entablar relaciones sociales, o incluso la depresión.

  • Alta e inestable

Es similar a la autoestima alta y estable, pero en este caso el autoconcepto depende en buena medida de los factores externos.

Es decir, son personas que se valoran positivamente cuando las cosas van bien, pero cuya autoestima disminuye ante las críticas o los inconvenientes.

Viven con la constante amenaza de poder vivir un posible fracaso, algo que les produce mucho estrés.

  • Baja e inestable

Sin lugar a dudas es el peor tipo de todas ellas. Al ser inestable, las personas que padecen este tipo de autoestima experimentan pequeñas cotas de satisfacción cuando consiguen algún logro, pero se esfuma rápidamente.

Suelen ser personas fácilmente manipulables e influenciables por los demás y toman decisiones por agradar a los demás. Es por lo que, además, pueden generar una dependencia emocional que desgaste las relaciones sociales.

  • Autoestima inflada

A parte de estos cuatro tipos, existe un quinto tipo de autoestima, que es la autoestima inflada. Esta es perjudicial e inconveniente para el desarrollo emocional de la persona que lo sufre.

Las personas con la autoestima hinchada se creen mejores que el resto y solo ven sus capacidades y no sus debilidades. No admiten las críticas del resto y mucho menos se les pasa por la cabeza desarrollar la autocrítica.

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Trucos para mejorarla

Como hemos visto, la autoestima perfecta es la que es alta y duradera en el tiempo. Con cualquiera de los otros cuatro tipos, de una manera u otra, sufrirás las consecuencias. Estos diferentes pasos servirán para trabajar la autoestima.

  • No te compares con nadie

Ni se te ocurra establecer tus metas o objetivos según lo que veas que logran los otros. Cada uno tiene sus tiempos y sus formas de conseguir su propia felicidad. No todo el mundo tiene que seguir los mismos caminos.

Las redes sociales han incrementado las comparaciones, algo que puede dañar la autoestima de muchas personas. Primero hay que centrarse en el mundo interior de cada una para poder construir un bienestar tanto interno como externo.

  • Proposición antes que reacción

El bloqueo que sufren las personas con baja autoestima es enorme. No tienen el poder de hacer cosas nuevas por el pavor al «qué dirán» o a un fracaso. El inmovilismo es de las peores cosas que nos pueden suceder.

No hay que ver los fracasos o los errores como un pozo sin fondo del cuál es imposible salir. Permítete el error y busca soluciones para el futuro.

Probar en contextos y situaciones novedosas no solo resulta beneficioso para la autoestima, sino que también sirve para descubrir capacidades que desconocías que poseías.

  • Asume tus defectos y saca brillo a tus fortalezas

Todo el mundo tiene errores. Los defectos tienen que formar parte de nosotros y es casi imposible ya que va muy arraigado con la personalidad de cada uno.

Tenemos que resaltar nuestras virtudes para que esa parte negativa quede en un segundo plano. Si queremos poner

  • Hay que saber decir adiós

Una de los principios de la autoestima es aprender a valorarnos y conocer qué personas o vivencias ayudan a que estemos bien. Todo aquello que no aporta nada a nuestro bienestar emocional debe ser expulsado de nuestra vida, por mucho tiempo que haya estado en ella.

La revisión de nuestro entorno nos servirá analizar y comprender todo aquello que no nos gusta para poder continuar por el camino de la felicidad.

La autoestima es un aspecto que se puede trabajar y mejorar. Es imprescindible una actitud positiva y ganas de enfrentarse a los problemas que nos podamos encontrar en el futuro.

Ni se te ocurra establecer tus metas o objetivos según lo que veas que logran los otros. Cada uno tiene sus tiempos y sus formas de conseguir su propia felicidad. No todo el mundo tiene que seguir los mismos caminos.

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