Autoestima: qué es, tipos y cómo mejorarla

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Comparaciones constantes con los demás, autoexigencia extrema, falta de confianza en uno mismo o necesidad constante de aprobación externa pueden ser los primeros indicios de una baja autoestima. Pero, ¿qué es la autoestima?

A grandes rasgos, se puede definir la autoestima como el grado de aceptación que una persona tiene hacia sí misma. Esta aceptación deriva del concepto que la persona tiene de sí misma, es decir, de la imagen mental que uno crea sobre si mismo, que puede ser más cercana o más lejana a la realidad y que puede cambiar con el tiempo. Tradicionalmente se ha relacionado la autoestima con el amor propio, pero lo cierto es que existen diversos tipos de autoestima y no todos ellos son buenos.

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¿Cuáles son los diferentes tipos de autoestima?

En su libro Autoestima e identidad. Narcisisimo y valores sociales, el médico psicoanalista y psiquiatra Luis Hornstein define cinco tipos de autoestima que dependen, no solo del grado de aceptación hacia uno mismo, sino también de la estabilidad de dicho sentimiento de aceptación.

  • Autoestima alta y estable

Las personas que disfrutan de este tipo de autoestima tienen un alto nivel de aceptación hacia sí mismas y son conscientes por igual de sus cualidades y de sus defectos, lo que les permite mejorar.

En este caso, los factores del entorno no influyen de manera directa en la consideración que la persona tiene de sí misma. Ante una mala racha o un fracaso, la persona con una autoestima alta y estable seguirá siendo consciente de su valía.

Una buena autoestima que se mantenga estable es la base para conseguir una buena salud mental y mantener relaciones sanas con los demás.

  • Autoestima alta e inestable

Al igual que en el caso anterior, las personas con este tipo de autoestima son conscientes de sus virtudes y sus defectos, aceptándolos y potenciándolos, pero se ven afectadas por los factores externos.

Los signos de una alta autoestima con tendencia a la inestabilidad pueden ser la aversión hacia el fracaso, la agresividad, la inseguridad y la incapacidad de afrontar las críticas de manera saludable.

  • Autoestima baja y estable

La falta de aceptación hacia sí mismos que experimentan las personas con baja autoestima provocan la insatisfacción en su día a día, derivada de un exceso de atención hacia sus defectos que les hace minimizar sus virtudes e incluso considerarlas inexistentes.

En las personas con baja autoestima la estabilidad provoca que, ante sus victorias, se sigan sintiendo insuficientes. Además, suelen mostrarse pesimistas y sentir rechazo hacia el cambio como consecuencia del temor a fallar.

Esta actitud puede provocar el desarrollo de relaciones tóxicas, así como traducirse en depresión o ansiedad.

  • Autoestima baja e inestable

Las personas que experimentan este tipo de autoestima se caracterizan, también, por prestar mayor atención a sus defectos que a sus virtudes. Sin embargo, en este caso nos encontramos con individuos muy vulnerables a los factores externos, lo que provoca que, ante los éxitos, su autoestima suba momentáneamente, desinflándose después.

Baja autoestima
  • Autoestima inflada

Este tipo de autoestima, derivada de las inseguridades, se manifiesta mediante una aparente superioridad.

Estas personas sienten la necesidad de mostrarse por encima del resto, lo que les lleva a recalcar constantemente sus virtudes y a buscar el reconocimiento externo.

Los individuos que experimentan este tipo de autoestima tienen dificultades para reconocer y hacer frente a sus propios defectos y son reacios a ceder ante los conflictos.

¿Cuáles son las causas de la baja autoestima?

Lejos de nacer con ella, la autoestima se forma con el paso del tiempo y depende, en gran medida, de los condicionamientos sociales.

Aunque es un factor que fluctúa y se desarrolla durante toda la vida, la infancia y la adolescencia son los momentos clave para su formación. Al tiempo que somos conscientes de nuestra existencia, comenzamos a formar la imagen que tenemos de nosotros mismos. De esta manera, los niños entienden quiénes son, en un principio, a través de cómo les ven los demás.

Esto provoca que la relación con las figuras de autoridad, en especial con los padres, resulte determinante en la formación de la autoestima: si el niño no recibe estímulos positivos ante sus aciertos y no se ve reconocido, aprenderá a minimizarlos.

Por tanto, en la niñez se pueden encontrar las principales causas de una baja autoestima:

  • El rechazo

La falta de reconocimiento ante los aciertos, así como el exceso de crítica ante los errores, pueden llevar a un niño a pensar que no hace nada bien.

Las figuras de autoridad, en especial de los padres, resulta determinante en la formación de la autoestima

En muchas ocasiones, las malas notas provocan que los padres se centren en aquello que se le da mal a los hijos y hacen que las virtudes pasen desapercibidas, comportamiento que el niño imitará a la hora de dirigirse hacia sí mismo.

  • La indiferencia

El cariño es un factor esencial para la correcta formación de la persona. Todos los seres humanos, de manera instintiva, necesitamos sentirnos queridos. La falta de cariño en la niñez puede llevar a un individuo a pensar que no lo merece, proyectando una sombra de culpa sobre sí mismo que le acompañará durante su crecimiento.

  • La protección excesiva

Aunque es completamente normal buscar lo mejor para los hijos, los padres no deben perder de vista el hecho de que, bajo su cuidado, tienen a una persona que debe aprender a valerse por sí misma, viviendo sus propias experiencias y enfrentándose de manera independiente a aquello que le sucede. La falta de libertad en la infancia puede conllevar una falta de desarrollo, que se traducirá en la incapacidad de solucionar los propios problemas y, por lo tanto, en un bajo concepto de uno mismo.

  • Las altas expectativas

Aquellos niños que crecen bajo el paraguas de unas expectativas demasiado elevadas pueden interiorizar el sentimiento de que nada de lo que hacen es suficiente, provocando la frustración y, de nuevo, la baja autoestima.

  • Los traumas

Todos aquellos sucesos negativos y desproporcionados para un niño dejarán una huella difícil de borrar en su persona. La violencia, los abusos o el acoso afectan negativamente al desarrollo de la persona, que puede llegar a sentirse incluso merecedora de humillaciones, causando una falta de autoestima.

Consejos para crear una autoestima sólida

Hay muchos factores que influyen en la autoestima y, por lo tanto, hay muchas maneras de construir duna buena autoestima que sirva como base para la salud mental:

  • Evita las comparaciones

Como se suele decir, cada persona es un mundo. Ese pequeño mundo interior está compuesto por miles de matices que nos diferencian del resto y que hacen de las comparaciones no solo una práctica poco sana, sino poco útil. No sirve de nada compararse con el resto, porque cada persona tiene unas virtudes y unos defectos diferentes.

En lugar de centrarnos en aquello que los demás hacen mejor, comencemos a centrarnos en lo que se nos da mejor a nosotros, para fomentar la satisfacción con uno mismo.

  • Acepta tus defectos y resalta tus fortalezas

Errar es humano y de los errores se aprende. Todos cometemos fallos en algún momento de nuestra vida, pero nuestros defectos no determinan nuestros valor como personas.

En lugar de juzgarnos, podemos extraer aprendizajes de los errores y velar porque no se vuelvan a repetir. De este modo, podremos convertir las debilidades en fortalezas que potenciar.

Con una buena actitud, cada vivencia, ya sea buena o mala, se puede convertir en una herramienta para nuestro desarrollo.

  • Actúa

El miedo al fracaso es una de las características principales de una baja autoestima. Sin embargo, resulta mucho más dañino para la imagen que tenemos de nosotros mismos quedarse parados, estancados en un lugar seguro en el que puede que no nos sintamos cómodos, por mucho que no entrañe peligro.

Actuar, hacer aquello que queremos y enfrentarse a la posibilidad de fracasar resulta beneficioso para la autoestima, que disminuye al quedarse estáticos. Las nuevas experiencias pueden ayudarte a alcanzar metas, así como a descubrir nuevas capacidades que quizás no sabías que tenías, provocando un aumento de la autoestima.

  • Aprende a dejar atrás aquello que no te hace sentir bien

A medida que vivimos, vamos recogiendo experiencias, responsabilidades, creencias y relaciones con las que llenamos nuestro tiempo. Sin embargo, no todo aquello con lo que nos topamos es bueno para nosotros.

Un hábito saludable consiste en analizar todo aquello que nos rodea para considerar si nos hace bien y cambiar todo aquello que no nos guste.

Los cambios pueden dar miedo, pero deshacerte de aquello que te roba energía o te hace sentir mal acabará siendo una inversión en tu salud mental.

En la mayoría de las ocasiones, la formación de una autoestima sólida no requiere solo de grandes cambios, sino también de pequeñas acciones que, pese a parecer insignificantes, pueden suponer el comienzo de una gran mejora.

Algunos de estos pequeños hábitos son tan sencillos como mejorar la postura corporal, adoptando una pose erguida ante los sentimientos negativos que ayudará a fortalecer la confianza en uno mismo, o dedicar un tiempo cada día a hacer deporte. Estas actividades mejoran la autoestima porque ayudan a reducir el cortisol, una hormona que el cuerpo libera cuando sentimos estrés o ansiedad.

Otros ejercicios que pueden ser de ayuda a la hora de construir una mejor imagen de uno mismo consisten, por ejemplo, en hacer listados de metas superadas, o de las virtudes que te han ayudado a conseguir dichas metas.

Sin embargo, habrá momentos en los que ninguna de estas prácticas pueda sanar una baja autoestima. Si no logras reconocer tu propio valor, la terapia psicológica online sirve como guía para construir una autoestima sana y fuerte.

Qué puede hacer un psicólogo para ayudarte a mejorar la autoestima

Durante años, la terapia psicológica se ha considerado un tema tabú. Sin embargo, acudir al psicólogo cuando lo requiere nuestra salud mental es tan natural como acudir al médico cuando lo requiere nuestra salud física, y demuestra una sana voluntad de cambio ante las adversidades.

En primer lugar, un psicólogo ofrece un servicio personalizado, acorde a tus circunstancias, para trabajar de forma exhaustiva en mejorar aquellos puntos que más lo requieran. Es el caso de Siquia, donde adaptamos la terapia a tus necesidades y tus ritmos.

A estos problemas los psicólogos se enfrentarán desde fuera, valorando las situaciones de manera objetiva, pues carecen de los prejuicios que una persona tiene sobre sí misma. Así, te ayudarán a observar tus problemas desde los ojos de otra persona, con una actitud equilibrada que permitirá darle a cada situación su valor real.

Por otra parte, las terapias psicológicas ayudan a mejorar no solo las relaciones con uno mismo, sino también la forma de relacionarse con el entorno. Una persona sana tendrá la capacidad de establecer relaciones sanas, basadas en la confianza y el respeto y, al mismo tiempo, tendrá las herramientas necesarias para identificar todo aquello que es tóxico y apartarlo de su camino.

Además, una parte fundamental de la terapia es el autoconocimiento: un psicólogo puede darte las herramientas para conocer cómo te encuentras y para mejorar tu estado de salud mental. Estas herramientas, lejos de limitarse al tiempo que dure la sesión, te serán de utilidad durante toda tu vida y te ayudarán a enfrentarte a problemas de diversa naturaleza de manera sana.

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Imagen de Lucía Lorenzo
Sobre Lucía Lorenzo Lucía Lorenzo es una estudiante del último curso de Periodismo en la Universidad de Valladolid, donde descubrió su gran interés por los temas relacionados con la salud, especialmente con la salud mental, la gran olvidada en las enseñanzas universitarias. Entre sus inquietudes se encuentran el feminismo y los derechos LGBT. Ganadora de un premio de relato corto en el año 2013, disfruta escribiendo tanto noticias como ficción.

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