Cómo ayudar a un familiar con depresión

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Convivir con una persona deprimida es una situación muy estresante y, si no se gestiona de manera correcta, al final acaba pasando factura a quien lo padece.

En la primera etapa, cuando descubrimos el estado depresivo de la otra persona, la primera reacción es mostrarse cariñoso, paciente, sensible… Intentas, por todos los medios, arropar al otro y hacerle sentir que estas ahí.

Sin embargo, cuando las cosas no mejoran, e incluso empeoran, esa reacción inicial se quiebra. Aparece la desesperanza, la incredulidad, la impaciencia y nuestro estado de ánimo empiezan a verse contagiado por el de la otra persona. Aquí comienza una peligrosa espiral de dependencia emocional: “Yo estoy bien, si tú estás bien”.

En la etapa final se produce un desbordamiento y aparecen los sentimientos de frustración e impotencia. Pensamos que la otra persona no se va a poner bien, que no hace nada por recuperarse y los pensamientos de tirar la toalla aparecen. Las reacción de cariño y comprensión iniciales dan lugar a respuestas crispadas e, incluso agresivas, hacia la persona deprimida. Tu equilibrio emocional comienza a quebrarse y te comienzas a plantear el continuar con tu pareja y/o lo injusto para ti de la situación.

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Al alcanzar esta tercera etapa, alternaremos y emitiremos diferentes respuestas ante el estado de ánimo del otro, en función de nuestras expectativas, pensamientos y emociones.

Esta situación llega a ser insostenible y es importante plantearse varias cuestiones:

  • Si bien es cierto que el entorno donde el deprimido se desenvuelve es importante, no lo es todo.
  • La persona deprimida no es culpable de su depresión, pero si es responsable de recuperarse de ella.
  • No eres culpable de que tu pareja o familiar no salga adelante.
  • Es importante que esta persona pida ayuda profesional cuanto antes para poder comenzar a trabajar todas aquellas cuestiones que están reforzando el trastorno depresivo.

Una vez que tu familiar está en tratamiento e inicia una terapia psicológica, sería bueno que tú, como pareja o familiar, siguieras las siguientes indicaciones para facilitarte las cosas.

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Cómo actuar ante un familiar depresivo

  1. Entender el problema: Debes informarte acerca de que es la depresión, cómo funciona y cómo la voluntad no lo es todo. Existen muchos otros factores que influyen en el desarrollo y curso de este trastorno.
  2. Controlar los impulsos de ira y los enfados: Si estás enfadado porque la otra persona ha hecho o no ha hecho tal o cual cosa, no le digas lo que estas deseando decirle. Ten autocontrol y quédate con tu frustración y tu rabia, ya que esa reacción tuya no hará sino empeorar la situación y hacer sentir peor a la persona que está deprimida.
  3. Observa que pensamientos te invaden: Estos son los generadores de rabia e impotencia, “No se esfuerza lo suficiente”, “No quiere superar la depresión”, “Lo que debe hacer es…”, etc. El control y la validez de estos pensamientos en ti dependerá del poder que tú les otorgues. Cuestiónate la veracidad y utilidad de los mismos.
  4. Refuerza cada pequeño avance: Cada conducta incompatible con la depresión, por pequeña que sea (sonrisa, tomar la iniciativa de hacer algo, alguna tarea domestica, etc.), debe ser recompensada por ti, para poder mantenerla y que aumente su emisión en el futuro.
  5. Retirada de atención: De manera contraria, no prestes excesiva atención a los comportamientos depresivos. No refuerces su llanto ni le preguntes que le pasa a cada instante. No lo acuses ni lo mires mal, simplemente actúa de manera natural y refuérzale cuando el ánimo esté mejor.
  6. Evita los sermones: No intentes hacerle razonar ni exigirle un cambio de actitud. Será inútil y te consumirá mucha energía. No se producirá una iluminación repentina en su cabeza ni mejorará, por mucho que le digamos que su actitud no es constructiva.
  7. Propón actividades: Para participar en esta área, debes estar en contacto directo con el psicólogo que dirige el tratamiento, de cara a elegir las actividades de manera correcta y paulatina.
  8. Trátalo con naturalidad: No lo trates como un enfermo o un loco ni te obsesiones con cómo lo estará pasando o que puedes hacer tú para ayudarle. Lo mejor es que te vea de manera relajada y espontánea.
  9. Riesgo de suicidio: Si el profesional te indica que existe riesgo de suicidio, créetelo. No mires a otro lado o no le des importancia. Se trata de “eliminar la posibilidad”. En algunos casos, bastará con controlar que la persona realice sus pautas terapéuticas y tome su medicación; en otros más graves, esta persona no podrá quedarse sola. Puedes hacer turnos con otro familiar o persona de confianza, o bien contratar a alguien especializado en cuidar personas enfermas. El caso es no menospreciar esta información si así os lo hace saber el terapeuta.

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