Cómo superar el miedo a cambiar de trabajo

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Cambiar de trabajo es un anhelo extendido, pero pocas veces llevado a la realidad. No es extraño. Un cambio de destino laboral tiene muchas implicaciones e implica asumir un riesgo y es normal que vaya asociado a diferentes miedos.

Si a eso se le une que no somos jóvenes y tenemos cargas familiares, parece que el abismo se hace más grande. Pero, ¿quién dice que, por ejemplo, una persona en la década de los 40 no esté en uno de los mejores momentos para cambiar de empresa? ¿Por qué tenemos tanto miedo a mejorar nuestra carrera profesional? ¿Cómo plantear en la familia un cambio de rumbo laboral? No es sencillo, dado que tiene muchas implicaciones y poner «en juego» la economía familiar es normal que genere vértigo.

Pero todo es más fácil cuando valoramos las opciones de manera objetiva. Una recomendación es listar en papel los pros y contras de mantener el actual oficio o cambiar de empresa. Un psicólogo te ayudará a tomar perspectiva y tomar decisiones con seguridad. En Siquia te animamos a probar la terapia por videollamada y ganar en seguridad y autoconfianza.

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Consejos para perder el miedo a cambiar de trabajo

También hay que tener en cuenta que no es lo mismo tener un trabajo que estar en situación de desempleo. Es obvio que si ya tienes trabajo, no puedes dejarlo precipitadamente. Debes buscar otro camino poco a poco.

Entonces, ¿cómo superar ese miedo?

  1. Canaliza y acepta el miedo. Es el culpable de que no intentes buscar otro trabajo y de que te quedes estancado. Los cambios son necesarios en la vida. El problema es que tienen una connotación negativa, ya que asociamos la palabra cambio con incertidumbre, incomodidad, fracaso… Borra ese concepto negativo de tu mente porque los cambios los pensamos precisamente para mejorar, aunque siempre es saludable valorar los riesgos. Piensa que en la actualidad es normal cambiar de puesto de trabajo, no tener un mismo oficio durante toda la vida, así que tu inquietud no es extraña.
  2. Piensa en lo que verdaderamente te gusta. Tras varios años de experiencia, seguro que tienes claro cuáles son esos trabajos que no te gustaría desempeñar. Puede que no sepas qué quieres hacer o puede que siempre lo hayas tenido claro, pero por comodidad no diste el paso. Quizás tengas un grado o una carrera a medias. Incluso cabe la posibilidad de que con el paso de los años te hayas dado cuenta de lo que realmente te gusta o de cuál es tu pasión. Una buena opción es pensar dónde te ves trabajando de aquí a 20 años. Tiene que ser un trabajo que de verdad te guste. En cambio, si no lo tienes nada claro, deberás hacer una selección: escoger aquellos puestos con mejores salidas profesionales para alguien de tu edad dentro de un abanico de posibilidades en las que te encuentres cómodo.
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  1. Lista cómo sería tu empleo ideal. Prepárate para las entrevistas que surjan y vete con las ideas claras. A veces el cambio no viene motivado por el sueldo, aunque es también importante. La conciliación, el horario, el plan de carrera, el entorno laboral, etcétera son elementos relevantes. ¿Cuáles son esos factores que de verdad consideras críticos y te gustaría encontrar en la nueva compañía?
  2. Una vez hecha la selección, no olvides la formación. Si tu formación se ha ido oxidando o consideras que no tienes la suficiente, es hora de refrescar esos conocimientos. Existen cientos de cursos que pueden hacerse por Internet en relación a tu especialidad o incluso puedes optar por cursos de idiomas o de manejo de las nuevas tecnologías.
  3. Esfuérzate en una búsqueda activa de empleo. Cuando termines tu jornada de trabajo, sé proactivo a la hora de buscar nuevas oportunidades. La buena presentación y la redacción de este tendrá mucha importancia. No olvides ordenar tu experiencia laboral: tu último empleo debe ir el primero y el primero el último. También existen las cartas de presentación. Por otra parte, estudia también qué canales son los más recomendados para encontrar vacantes. Plataformas como LinkedIn o Infojobs son de las más usuales, aunque es bueno usar las recomendaciones y aprovechar los contactos para buscar nuevas oportunidades.
  4. ¿Qué hay de montar tu propio negocio? Puede que tengas claro de qué quieras ejercer, pero no hay ninguna empresa que te ofrezca esa posibilidad. Otra opción es emprender y crear tu propio negocio. Si tienes dudas, siempre puedes consultar empresas de asesoramiento, gestorías o lanzaderas para la puesta en marcha de tu proyecto.

Cómo gestionar las emociones negativas en el puesto de trabajo

Las emociones negativas afectan al clima laboral y a la consecución de objetivos, aunque a veces es normal que exista esa negatividad: rutina, muchas exigencias, mala gestión del tiempo, compañeros conflictivos…

El problema es que dichas emociones también empeoran la eficacia y la calidad del trabajo.

  1. Identifica esas emociones. Reconocer qué es lo que sientes exactamente es la única manera de equilibrar tu estado de ánimo. Las emociones influyen a la hora de tomar decisiones y afectan a la interacción social y a la ejecución del trabajo. Unas emociones negativas traen consigo palpitaciones, dolores de cabeza, tensión en el rostro, sudoración, ansiedad…
  2. Acéptalas. Las emociones negativas son una forma de reaccionar ante situaciones que no te hacen sentir bien. Te indican algo que merece que le prestes atención. No puedes rechazarlas ni ignorarlas, porque incrementa el cúmulo de tensión.
  3. Detecta las causas. ¿Qué es lo que genera esas emociones que repercute negativamente en las actividades y en las relaciones interpersonales? Acumulación de situaciones tensas, problemas personales, falta de horas de sueño… Al tener controlado el detonante de esas emociones, podrás pensar de manera objetiva e intentar arrancar el problema de raíz.
  4. Busca una solución o impide aquello que te causa malestar. Afronta eso que te ha llevado a esta situación. Si no te ves capaz o sientes pavor a la hora de afrontarlo, te recomendamos trabajarlo con la ayuda de un psicólogo online, para tomar perspectiva, ganar en autoconfianza y acabar con las creencias irracionales que te han podido llevar a este punto.
  5. Tómate tu tiempo, el que necesites para relajarte. A veces, hay momentos en los que es necesario un descanso o darte una vuelta para despejar la mente. Vete a por café, date un paseo hasta al baño, acude a un compañero para tener algo de conversación así distraerte…
  6. Apóyate en tus seres queridos. Expresar lo que sientes es fundamental para desahogarte. Con solo ser escuchado, serás capaz de calmarte. Para ello, cuenta con tus amigos del trabajo u otros amigos en los que tengas plena confianza. La comunicación con los demás puede dar respuestas a tus problemas a través de consejos, a la vez que se crea un buen ambiente laboral
  7. Practica ejercicios de respiración para disminuir los niveles de tensión o de estrés. Una vez más calmado, pensarás con más claridad. Inhala por la nariz hasta llenar tus pulmones y exhala el aire lentamente. La respiración es calve para gestionar la ansiedad que muchas veces genera el ámbito laboral.
  8. Técnicas de meditación, vinculadas siempre a la respiración.

Tanto si buscas cambiar de trabajo como si decides empezar tu propio negocio, es fundamental que establezcas un plan de acción, un calendario que organice los tiempos, los pasos y tareas a realizar. El control y el orden son sinónimos de motivación y de productividad.

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Imagen de Rebeca Cojo
Sobre Rebeca Cojo Rebeca Cojo es estudiante de Periodismo, con interés en los temas de salud y Psicología.
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