Diálogo interno: cuando la mente acaba siendo nuestro peor enemigo

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Paula Parra Maté
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Seguro que alguna vez has estado de bajón y tu diálogo interno no te ha dejado darte ánimos y cariño a ti mismo. En cambio, cuando lo ha estado alguien importante para ti, le has apoyado desde el primer momento.

¿Qué es?

El diálogo interno es la manera en la que tenemos de pensarnos y de hablarnos a nosotros mismos. Esta manera en la que te hablas influye directamente en la forma de sentirte.

En una relación de amistad estás ahí cuando la otra persona tiene un mal día, cuando te necesita, eres un apoyo importante y siempre intentas dar los mejores consejos. Pero, cuando eres tú quien tiene un mal día, cuando te necesitas y cuando necesitas un buen consejo, ¿estás ahí para ti mismo? La respuesta seguramente haya sido no.

Siempre que nos pasan cosas malas a nosotros mismos, nuestros pensamientos se vuelven negativos y reaccionamos de una forma distinta a la que reaccionaríamos cuando le ocurre a alguien a quien queremos.

Nuestra mente nos dice frases como: eres idiota, eres lo peor, lo fastidias todo, eres inútil o no haces nada bien, nos juzgamos a nosotros mismos. Ese diálogo negativo puede causarnos miedo a cosas que no existen, ansiedad, estrés, sentimiento de no ser capaces, etc.

Cuando ocurre algo que no sale como habíamos planeado nuestro diálogo interno tiende a ser muy negativo y duro con nosotros mismos. A veces, podemos ser nuestro peor enemigo.

El diálogo interno trabaja diez veces más rápido que el habla por lo que todo lo que nos decimos tiene un impacto muy fuerte en nosotros. Este diálogo afecta a nuestra salud física y mental, si te hablas desde el menosprecio, estás poniendo en jaque a tu autoestima y debilita las estructuras neuronales.

Tipos de diálogos internos

El diálogo interno es el síntoma más claro de nuestra neurosis, que toma distintas formas según el carácter. Dentro de nosotros conviven distintos diálogos internos:

  • Diálogos de exigencia. Este diálogo se muestra exigente y moralista. Es muy perfeccionista y cuando no ocurre lo que él esperaba y como había planeado tiene una reacción airada y de acusación.
  • Diálogos de crítica. Este diálogo es el más común. Cuando ocurre algo, estas personas tienen un diálogo interno que se vuelve en contra de ellos, en vez de criticar o repartir las responsabilidades, piensan que tienen la culpa de todo, que son un desastre, que no valen nada, que no se merecen nada, etc.
  • Diálogos que culpan a los demás. Al contrario del anterior, este diálogo hace que la persona siempre piense que no es su culpa y que hay un responsable. Tienen el pensamiento de que ellos son los mejores y que no hay nadie mejor que ellos, pero que los demás no son capaces de verlo.
  • Diálogos defensivos. También están los diálogos defensivos, es decir, para la persona los demás son una amenaza y les agreden diciendo que lo hacen porque se están defendiendo. Es algo como: «que los demás no me vean débil, antes de que me hagan daño, les hago yo».
  • Diálogos conciliadores. Por último, están los diálogos en los que la persona vive en un constante no pasa nada, esto no va conmigo y buscan la conciliación sin tenerse en cuenta a sí mismos.

Todas las personas tenemos un poco de cada uno. El problema de ellos es cuando no se trata de un momento puntual, sino cuando estos pensamientos negativos se convierten en un patrón. Este diálogo interior se apodera de nosotros y empieza a condicionar nuestra forma de ver el mundo y nuestras conductas.

Lo primero es identificar qué tipo de diálogo interno tenemos, tenemos que dedicar un tiempo a observar las emociones y los motivos que hacen que tengamos esos pensamientos y confirmar si estos mismos nos hacen sentirnos mal.

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Consejos para frenar ese diálogo interno negativo

Tras identificar el diálogo interno y ver que nuestros pensamientos son tan repetitivos, que no tienen salida y que hacen que no podamos contactar con la realidad, lo mejor es seguir estos pasos:

  1. La aceptación. Tenemos que aceptar la situación y tener en cuenta que estamos poseídos por él. Notamos una sensación de parálisis, agobio, cansancio, ansiedad, etc. También podemos sentir algún dolor físico.

Tenemos que centrarnos en él e imaginarnos que diría si tuviera el poder de hablar. Si dejamos que se exprese con palabras o con otro tipo de movimiento y no desde la mente, este se liberará.

Cuando el diálogo se basa en criticar y juzgar, en competir y no en ser compasivo, cooperativo y respetuoso, los pensamientos nos dañan y nos quitan la energía.

  • Identificar la situación. Las malas experiencias ya sean de la infancia o de la adolescencia suelen disparar el diálogo interno de forma inconsciente e intensa, algo que hace que perdamos el control. Para poder integrar los recuerdos de experiencias pasadas tenemos que identificar la situación que nos haya creado trauma y estemos reviviendo para así poder diferenciarla de la realidad. Para integrarla tendremos que expresar los sentimientos que no pudimos expresar cuando ocurrió esa situación pasada.
  • Centrar la atención en el interior. Hay que centrarse en lo que nos pasa y atender las sensaciones físicas y, si aparece algún pensamiento, dejarlo pasar para volver a focalizar la atención en las sensaciones que estamos teniendo en ese momento. Al centrarnos en ellas, cambian.
  • Vuelta al presente. Tengo que pensar en lo que veo, oigo, huelo y nombrarlo a la vez, percibo los sentidos y por lo tanto me coloco en el presente y el diálogo interno desaparece.
  • La meditación. Es un truco muy bueno para luchar contra ese diálogo interno. Con este ejercicio nos centramos en la respiración y si lo practicamos continuamente podremos conectarnos con nuestra verdadera naturaleza, una que es mucho mayor que la identificación que tenemos con nuestra mente.

Entre otros consejos, cuando te ocurra algo así, intenta hablarte de forma peyorativa. Háblate en segunda persona como si fueras un amigo al que le estás mostrando su apoyo y le estás dando consejos mientras él te escucha de forma compasiva, de esta forma no serás tan duro contigo mismo.

¿Por qué es importante tener un diálogo interno positivo?

Un diálogo interno negativo solo hace que empeore nuestra calidad de vida, en cambio, un diálogo positivo tiene una gran cantidad de beneficios:

  • Hay menos posibilidades de tener depresión.
  • Disminuye la ansiedad
  • Controlas tu nivel de estrés
  • Bienestar físico y psicológico
  • Mejoras la calidad de vida
  • Te descubres a ti mismo y eso hace que te comprendas
  • Reconoces tus errores
  • Cambias los aspectos negativos
  • Ganas más confianza
  • Mejoras tu autoestima y por ello, te aceptas como eres

Si todavía tienes dudas o no consigues lucha contra tu diálogo interno lo más recomendado es acudir a un especialista para que te ayude a gestionar tus pensamientos de forma positiva.

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Periodista especializada en comunicación online y psicología

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