Diferencias entre compasión y lástima

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Autoestima
Rebeca Cojo
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La compasión y la lástima son dos sentimientos que, aunque puedan parecer similares, no lo son. Existen varias diferencias que debes conocer.

Compasión y lástima

La palabra compasión proviene del latín cum passio, lo que se podría traducir como «sufrir juntos». Hace referencia a lidiar con las emociones. Sin embargo, el término passio viene del griego, concretamente de la palabra pathos, que en este caso se refiere al sufrimiento interno de una persona. Por lo tanto, la compasión es la forma que tienes de participar en el sufrimiento de otra persona, esa preocupación por las emociones de los demás. De esta forma, se entiende que, con la compasión, eres capaz de comprender mejor cuánto sufre el otro e intentas reducir ese sufrimiento, aliviarlo o eliminarlo.

La lástima es un término que proviene, de nuevo, del latín, esta vez de la palabra «lastimar», que a su vez tiene relación con otra palabra latina: «blastemar» (observar a quien padece). La lástima consiste en una simple apreciación.

Aquí está la diferencia que debes tener en cuenta: la compasión implica un sentimiento de cercanía y de conexión con la persona que está sufriendo. Es un sentimiento activo a través del cual intentas mitigar el sufrimiento de los demás. En cambio, la lástima es un sentimiento pasivo que simplemente implica tristeza, pero no acción. Por esta misma razón, la lástima es una emoción menos duradera.

De hecho, si eres una persona que solo siente lástima, sueles creer que estás en un nivel superior al del afectado, es decir, hay una distancia entre el que sufre y tú. Hay algo que os separa y os diferencia, ya sea el grado moral, social, físico, cultural, económico, etc. Además, la pena o la tristeza son sentimientos que no te interesan. De hecho, prefieres consolarte pensando que tu vives una situación mejor.

Teniendo esto en cuenta, la compasión, entonces, engloba tres aspectos muy importantes:

  1. El nivel emocional. Es aquel por el que conectas con el sufrimiento de los demás y el que te genera motivación, deseo o ganas de poner todo de tu parte para cambiar esa situación y producir bienestar al que sufre.
  2. El nivel cognitivo. Cada vez que percibes el dolor ajeno, lo que haces es analizarlo, evaluarlo para que, a continuación, planifiques cuál va a ser la acción.
  3. El nivel conductual. Este tercer nivel te hace tomar esa decisión segura de llevar a cabo las acciones necesarias para resolver el problema y acabar con el sufrimiento y el dolor de esa persona.

La compasión y la empatía

compasión lástima

Tampoco son sentimientos parecidos. Podría decirse que la compasión es una clara emoción, mientras que la empatía es un tipo de razonamiento. Los empáticos no tienen por qué sufrir de manera obligatoria por otra persona, sino que se dedican a acudir al razonamiento para ser capaces de entender cuál es la razón por la que sufre esa persona.

A alguien compasivo no le hace falta ponerse a razonar sobre ese sufrimiento, ya que siente la necesidad de actuar y ponerle fin.

La compasión por ti mismo

La vulnerabilidad es una emoción que puedes sentir al ver que los demás se compadecen de ti, pero que debes olvidar. Existe la obsesión de creer que, además, parecer vulnerable y débil se puede confundir con la victimización.

En un momento personal complicado es necesario que seas compasivo contigo mismo y con tu sufrimiento, que te trates bien y seas consciente de lo que vales. Saber atravesar una mala racha y superar los sentimientos negativos es un ejercicio duro, pero posible y que convertirá esa situación en un aprendizaje.

La compasión y el grado de implicación

¿La compasión significa sufrir con esa persona? No necesariamente. La compasión es una emoción que no tiene por qué hacerte vivir en tu persona ese sufrimiento que atraviesa otro. Si es así, cuidado, porque puedes verte arrastrado por problemas que no son tuyos y entonces no ayudarás a esa persona.

Entonces, ¿por qué tienes la sensación de que tener compasión por los demás hace que sufras como ellos? Esto ocurre cuando te molestas tanto en implicarte que intentas dirigir a esa persona que sufre, quieres controlarla a ella y a sus emociones. Eso es prácticamente imposible y lo común es que se te escape de las manos. No debes hacerlo porque puede ser más doloroso para esa persona que está en un momento sensible. Tienes que dedicarte a acompañar, escuchar y hacer notar tu presencia, sin entrometerte demasiado en cosas que no puedes cambiar.

Es normal que cuando presencias la situación dolorosa o dura de otra persona, lo primero que sientas es lástima. Llega a ser una reacción que surge de manera inconsciente y que no te prepara para lo que estás presenciando. Por lo tanto, no hay esas ganas, esa motivación hacia provocar un cambio. Te limitas a observar.

En definitiva, teniendo en cuenta las diferencias entre compasión y lástima, el mundo lo que necesita es compasión, porque sentir lástima, limitarse a observar el dolor del resto, no sirve de nada.

La acción, el compromiso y la voluntad (dentro de las posibilidades individuales de cada uno) son necesarios, pero no solo con los demás, también contigo mismo. No lo olvides, no debes descuidarte y tampoco rechaces a los que sientan compasión por ti.

Aprende a ser compasivo contigo mismo.

Para cultivar la compasión contigo mismo, puedes empezar por:

Reconocer tus emociones

El primer paso para practicar la compasión hacia uno mismo es estar consciente de nuestras emociones. Tómate un momento para reflexionar sobre cómo te sientes. Sin juzgar, simplemente observa y reconoce tus emociones.

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Hablar contigo mismo como lo harías con un amigo

Imagina que estás brindando apoyo a un buen amigo que está pasando por un momento difícil. Ahora, dirige esas palabras de apoyo y comprensión hacia ti mismo. Trátate con la misma amabilidad que lo harías con alguien a quien aprecias.

Perdonarte a ti mismo

Todos cometemos errores y enfrentamos desafíos. En lugar de castigarte por ellos, practica el perdón hacia ti mismo. Reconoce que eres humano, con imperfecciones, y aprende de esas experiencias en lugar de cargar con la culpa.

Practicar el autocuidado

La compasión hacia uno mismo también implica cuidar de tu bienestar físico y emocional. Dedica tiempo a actividades que te nutran, ya sea un baño relajante, una caminata en la naturaleza o simplemente descansar. Escucha las necesidades de tu cuerpo y mente.

Cultiva la gratitud

Enfócate en las cosas positivas de tu vida. Agradece por las pequeñas victorias y momentos de felicidad. La gratitud puede cambiar tu perspectiva y fomentar sentimientos de compasión hacia ti mismo.

Establecer límites saludables

Aprende a decir no cuando sea necesario. Establecer límites es una forma de cuidarte a ti mismo y evitar el agotamiento. Reconoce tus propias necesidades y respétalas.

Ser amable contigo mismo en momentos difíciles

Cuando te enfrentas a desafíos o fracasos, evita la autocrítica destructiva. En lugar de castigarte, pregúntate cómo puedes aprender de la situación y qué pasos puedes tomar para mejorar en el futuro.

La compasión hacia uno mismo no es un acto egoísta, sino un componente esencial para mantener una salud mental equilibrada. Al dedicar tiempo y esfuerzo para practicar la compasión hacia ti mismo, estás construyendo una base sólida para enfrentar los desafíos de la vida con resiliencia y empatía.

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Periodista especializada en comunicación online y salud mental

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