El poder de la empatía en tiempos donde lo superficial impera

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Autoestima
Lorena Sahagún
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Vivimos en una sociedad, en la que ahora más que nunca resulta clave comunicarse con la mirada, expresar muchas veces sin palabras, interpretar lo que vive el otro detrás de su mascarilla.

Esa mascarilla a veces parece hacer real la pared invisible que nos separa del otro, que nos hace sentir encapsulados en una burbuja, con vistas a la sociedad.

Es doloroso que una metáfora así describa una situación que no se limita a la situación actual, sino a la sociedad más allá de esta pandemia.

En cada una de nuestras cápsulas hay normas sometidas a las reglas que hemos integrado como parte de la sociedad, estableciendo que todo lo que sea visto desde el exterior debe expresar emociones agradables y una vida exitosa.

Tan interiorizado está esto en nuestro engranaje social, que acumulamos cápsulas organizadas como un escaparate sin interrelacion entre ellas.

Todo tan transparente, con una trastienda tan oculta… que parece minimizar la importancia de lo que no se expone.

La intimidad es clave, decidir que quiero compartir y que no, me hace libre, pero cuesta creer en la libertad cuando todas las cápsulas muestran lo mismo… cápsulas llenas de seres humanos, que sienten, que experimentan, que viven, pero no muestran, no molestan, no preguntan…

Algo debemos cuestionarnos en un Mundo en el que la empatía nos da miedo, en el que filtramos la realidad a través de las cápsulas propias y ajenas, para frenar cualquier conato de proactividad que implique invadir una cápsula ajena…

En terapia psicológica nos encontramos con que muchas personas, se atreven a hacernos partícipes de sus problemas, al considerarnos un profesional, al que pago y legítimo que invierta su tiempo en mi, pero cuando se trata de compartir dolor con otro ser humano, sentimos que no debemos, no podemos involucrar a nadie en nuestros problemas.

En el mejor de los casos encontramos personas que te hacen sentir libre para entrar en su cápsula con libertad, pero compartir la parte desagradable de nuestra vida nos da pudor, manifestar que se necesita ayuda, compartir que estoy pasando por un mal momento, nos hace sentir incómodos y lo dejamos para la trastienda, sonriendo y hablando con las personas que nos relacionamos tratando de ocultar lo que realmente nos invade emocionalmente, para evitar ser juzgados, para no sumar la sensación de vulnerabilidad a nuestra mochila.

Creo que una de las claves está en la responsabilidad que sentimos cuando somos conscientes del dolor ajeno, parece que debemos involucrarnos hasta resolverlo, pero la empatía no pide tanto, solo debemos compartir la emoción, acompañar en las sensaciones y mantener silencio, si no hay ninguna palabra que exprese mejor la empatía que tu presencia, el silencio es la mejor herramienta, por muy incómodo que pueda parecer, solo lo es si tu mente está enganchada a la solución, desde la empatía es tan simple como ser y estar fluyendo con el momento presente.

Las miradas comunican más que las palabras, así que no hables si no quieres, pero mira con empatía, rompe las barreras de cristal que nos separan del otro.

Observa que te hace sentir la mirada del otro, que emoción te produce, devuelve la mirada, sonríe  si quieres que alguien sienta que lo acompañas, tus ojos se lo dirán, a veces es tan simple como permitir que mi cuerpo fluya con lo que mi mente experimenta, cuantas veces experimentas sensaciones y pensamientos agradables, “que niño más inteligente”, “ese hombre es amable”, “me está pareciendo responsable” y estamos fluyendo con ese pensamiento mientras la persona no nos ve, hasta que se gira y ante el contacto visual, evitamos rápidamente la mirada ¿qué comunicamos cuando le giramos la cara a alguien? indiferencia, timidez, desprecio, rechazo…,

Es una pena que tú estés pensando que alguien es estupendo y que admiras su tenacidad para lograr que su hijo respete a los demás en la cola del súper, y el desde su burbuja interprete que lo estás juzgando y no lo quieres ni mirar, y esto pasa. Genera mucho sufriendo gratuito, en pleno black friday, prefiero que apliquéis otra oferta gratuita, la empatía y la comunicación.

Son gratis, disminuyen el malestar, aportan sensación de utilidad y minimizan la sensación de soledad.

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