La palabra “asertividad” está en boca de todos últimamente. No solo es una habilidad comunicativa valiosa, sino una herramienta esencial para tener relaciones personales, familiares y laborales mucho más sanas. ¿Quién no ha escuchado hablar de la importancia de expresar lo que sentimos sin miedo, sin dejarnos pisar, pero también sin herir a los demás? Sin embargo, ser asertivo no es tan fácil como suena, y eso es algo que nuestro invitado, Toni Cátedra, conoce de sobra. En el último episodio de Hemisferio Izquierdo, el podcast de Siquia, Toni nos desglosa todo lo que necesitamos saber sobre la asertividad, desde qué significa realmente, hasta cómo empezar a practicarla en el día a día.
¿Qué es la asertividad y por qué se habla tanto de ella?
La asertividad es un estilo de comunicación que nos permite expresar nuestras opiniones, deseos y necesidades de manera respetuosa y directa, sin herir a los demás ni sacrificarnos a nosotras mismas. Toni lo define como una habilidad que está “en el punto medio entre la pasividad y la agresividad”. En pocas palabras, la asertividad implica decir lo que pensamos y sentimos de manera honesta, sin dejarnos arrastrar por la necesidad de agradar ni imponernos con agresividad.
Muchas veces, cuando hablamos de ser asertivos, pensamos en decir “no” sin miedo, pero Toni nos enseña que la asertividad va mucho más allá de aprender a negarnos. Es una habilidad integral que mejora nuestra autoestima, nos ayuda a poner límites y nos permite gestionar mejor nuestras relaciones en todos los ámbitos de nuestra vida. La asertividad se aplica tanto cuando decimos “sí” como cuando decimos “no”; en realidad, tiene que ver con expresar quiénes somos de forma genuina y respetuosa.
Los dos extremos de la comunicación: la pasividad y la agresividad
Para entender mejor qué significa ser asertiva, Toni nos explica los dos polos opuestos de este estilo de comunicación: la pasividad y la agresividad.
- La comunicación pasiva: la persona pasiva suele evitar conflictos a toda costa. Le cuesta expresar lo que realmente siente o necesita, y termina poniéndose en último lugar. En muchos casos, este estilo de comunicación genera una sensación de sacrificio constante y resentimiento acumulado. En palabras de Toni, “ser pasivo es darle a los demás el control sobre nuestras decisiones, siempre buscando complacer sin importar nuestras propias necesidades”.
- La comunicación agresiva: en el otro extremo, encontramos a quienes se expresan de manera agresiva, imponiendo su voluntad y sus deseos por encima de los demás. Las personas agresivas a menudo hablan en un tono autoritario, desconsiderando cómo sus palabras pueden afectar a los demás. Este estilo genera miedo y rechazo, y dificulta las relaciones saludables. Según Toni, “las personas agresivas suelen ser dominantes y se aferran a sus opiniones sin dejar espacio para el diálogo”.
La asertividad se encuentra justo en el punto medio. Es la capacidad de defender nuestras necesidades y establecer límites sin dañar a los demás ni sacrificarnos en el proceso. Toni lo describe como un “equilibrio perfecto entre honestidad y respeto”.
La importancia de la asertividad en nuestras vidas
Desarrollar una comunicación asertiva tiene numerosos beneficios. Entre ellos:
- Mejora la autoestima: al expresar lo que realmente sentimos o necesitamos, nos mostramos tal como somos, lo que fortalece nuestra confianza y nos ayuda a valorarnos.
- Fortalece las relaciones: la asertividad permite que nuestras relaciones sean más sinceras y libres de resentimiento, ya que no acumulamos malestar ni dejamos de expresar lo que necesitamos.
- Reduce el estrés: al expresar nuestros límites de forma clara, evitamos situaciones que nos incomodan o que nos hacen sentir mal. Esto, a su vez, disminuye el estrés y la ansiedad en nuestro día a día.
- Favorece la empatía: cuando somos asertivas, dejamos de lado el miedo a ser juzgadas y nos volvemos más abiertas a comprender las necesidades de los demás.
Como explica Toni, la asertividad es una habilidad que no solo beneficia a una mismo, sino a las personas que nos rodean. Ser asertiva nos permite tener relaciones más equilibradas, basadas en el respeto mutuo.
Cómo empezar a ser asertivo
Entonces, ¿cómo podemos practicar la asertividad en nuestro día a día? Toni Cátedra nos ofrece varias estrategias para que empecemos a aplicarla en nuestras relaciones y vayamos construyendo nuestra confianza.
1. Aprende a decir “no” sin miedo
Uno de los primeros pasos para ser más asertiva es aprender a decir “no” sin sentir culpa. Muchas veces, por querer agradar o por miedo a ser juzgadas, terminamos diciendo “sí” a cosas que en realidad no queremos hacer. Toni sugiere empezar con un “no” sencillo y sin muchas explicaciones. A veces, dar demasiadas razones o excusas puede debilitar nuestro mensaje.
Por ejemplo, si un amigo nos pide el coche prestado y no nos sentimos cómodas dejándolo, en lugar de inventar excusas, podemos decir: “Lo siento, prefiero no prestar mi coche”. Un mensaje breve y directo transmite nuestra decisión de forma clara y firme, sin dar lugar a interpretaciones.
2. Sé breve en tus explicaciones
Cuando damos demasiadas razones o justificamos en exceso nuestras decisiones, podemos parecer inseguras. Toni recomienda ser concisas: un motivo breve y claro suele ser suficiente. En lugar de entrar en una larga explicación, es mejor decir lo justo para que la otra persona entienda nuestra postura.
Un ejemplo que Toni pone es el de rechazar una invitación: en lugar de decir “no puedo porque tengo que trabajar, tengo una reunión, y además tengo que recoger a alguien”, podríamos decir simplemente: “Gracias por la invitación, pero hoy no puedo”.
3. Practica la empatía
La asertividad no está reñida con la empatía. Toni explica que ser asertiva no significa imponer siempre nuestro punto de vista, sino ser capaces de escuchar y entender a los demás. Un buen truco es empezar nuestras respuestas recogiendo lo que ha dicho la otra persona, para mostrar que comprendemos su perspectiva.
Por ejemplo, si nuestra pareja nos pide hacer algo que no queremos, podríamos responder: “Entiendo que te gustaría que yo fuera, pero no me siento cómoda”. Este tipo de respuesta nos permite ser honestas sin rechazar de plano a la otra persona.
4. Busca alternativas
A veces, en lugar de decir “no” de forma tajante, es útil ofrecer una alternativa. Esto demuestra que, aunque no podemos cumplir con una solicitud específica, estamos dispuestas a ayudar de otra manera. Por ejemplo, si alguien nos pide que hagamos algo que no podemos hacer, podríamos decir: “No puedo ayudarte con eso, pero puedo recomendarte a alguien que te ayude”.
Esta respuesta es una forma de mantener el respeto y la disposición a ayudar, sin comprometer nuestras necesidades o nuestros límites.
5. Sé consciente de tu lenguaje corporal
Nuestro lenguaje corporal también es parte de la asertividad. Toni nos recuerda que el 55% de nuestra comunicación es corporal, por lo que es importante prestar atención a cómo nos expresamos. A veces, aunque nuestras palabras sean asertivas, nuestro cuerpo puede transmitir inseguridad o sumisión. Mantener una postura relajada y segura, mirar a los ojos y hablar en un tono de voz claro y firme refuerza nuestro mensaje y evita que los demás interpreten que estamos dudando.
La asertividad y la empatía: dos caras de la misma moneda
La asertividad y la empatía son habilidades que van de la mano. Toni nos invita a practicar ambas, ya que, si solo somos asertivas sin empatía, podemos parecer frías o desconsideradas. Por otro lado, si solo somos empáticas y no sabemos poner límites, terminaremos agotadas y resentidas.
Una comunicación asertiva y empática implica saber cuándo es necesario decir “no”, pero también cuándo es importante escuchar y adaptarnos a las necesidades de la otra persona. Toni lo resume en una idea muy simple: ser asertivas es ser auténticas, pero siempre desde el respeto hacia los demás.
Ser asertiva con diferentes tipos de persona
Toni nos cuenta que no todas las personas reaccionan igual ante la asertividad. Hay quienes prefieren una comunicación directa y sin rodeos, mientras que otras personas necesitan un enfoque más cuidadoso y pausado. Por eso, es importante adaptar nuestro estilo de comunicación a la personalidad de cada persona.
Por ejemplo:
- Con personas directas: Usa frases sencillas y sin rodeos, expresando claramente lo que piensas.
- Con personas más sensibles: Tómate un momento para ser más delicada y brindar un contexto emocional, mostrando que tu respuesta no es un rechazo hacia ellas.
Adaptar nuestra comunicación no significa renunciar a la asertividad, sino encontrar la mejor manera de transmitir nuestro mensaje sin que se pierda en el camino.
Cómo entrenar la asertividad
Desarrollar la asertividad no es algo que suceda de la noche a la mañana. Toni nos recomienda empezar a practicar en situaciones cotidianas y con personas de confianza, como amigas, familia o incluso en situaciones pequeñas del día a día.
Por ejemplo, podríamos empezar practicando con “noes” simples: si un amigo nos pide ver una película que no queremos ver, podríamos decir “prefiero ver otra cosa”. O si alguien nos pide ayuda cuando no podemos brindarla, podríamos responder “me gustaría ayudarte, pero no puedo ahora”.
Poco a poco, estos pequeños actos de asertividad se irán integrando en nuestra vida diaria y nos permitirán ser más seguras de nosotras mismas y, a la vez, tener relaciones más sanas y equilibradas.
Sobre el podcast: «Hemisferio Izquierdo»
«Hemisferio Izquierdo» es un proyecto en el que hemos trabajado mucho en los últimos meses, y en el que abordaremos los temas que nos traéis a consulta de la mano de nuestro equipo de psicólogas. Cada domingo, a las 17 h, un nuevo capítulo disponible en Youtube, Spotify y las principales plataformas.
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