Heridas emocionales del pasado: los mejores consejos para sanarlas

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Salud Mental
Lucía Lorenzo
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A menudo nuestro equipo de psicólogos online recibe mensajes de gente que desea curar las heridas emocionales del pasado. Es una de las consultas que más se repite, puesto que la mayoría de la gente tiene en su pasado alguna experiencia traumática que no ha sido capaz de cerrar.

Recordar esas vivencias es a la vez doloroso e inevitable. Muchas veces tratamos de huir de las cosas que nos hicieron daño en el pasado, evitamos gestionarlas y, como consecuencia, su dolor se queda con nosotros para siempre.

Y es que huir del pasado puede parecerte una buena idea cuando el dolor aún está reciente y mirarlo a la cara cuesta demasiado, pero a la larga solo trae problemas. Cuanto más tiempo dejes pasar, más difícil será gestionar sin ayuda profesional esos momentos traumáticos que marcaron tu vida.

Incluso cuando te decides por fin a sanar ese dolor que lleva años acompañándote, la perspectiva de hacerle frente da miedo. Sin embargo, debes tener en mente que es una decisión muy valiente. Curar estas heridas no es fácil, pero es necesario.

Cuando lo hagas, te darás cuenta de lo beneficioso que ha sido para ti. Comprobarás que tienes más fuerza que antes y que eres más tú de lo que solías ser. Podrás recuperar aspectos de tu vida que creías perdidos. Tendrás la capacidad de crear relaciones más resistentes y más saludables. Harás valer tus derechos si alguien te falta al respeto, porque te darás cuenta de lo que vales.

El proceso de sanar los traumas del pasado nunca es fácil, pero debes tener en cuenta que vivir con el dolor siempre será más difícil. Para vivir el presente con plenitud primero tienes que mirar al pasado de frente y analizar cuál es el origen de tus heridas emocionales del pasado.

¿Cuál es el por qué de estas heridas?

El origen de las heridas emocionales es una experiencia traumática que se vivió en el pasado y no se gestionó correctamente en su momento.

Hay tantos orígenes para estas dolencias como personas hay en el mundo. Pueden surgir, por ejemplo, por haber sufrido malos tratos en la infancia. También por haber tenido padres ausentes. A raíz de la muerte de un familiar. A causa de una ruptura.

Las posibilidades son infinitas.

Sin embargo, el problema no es tanto la situación que provoca el dolor como la gestión del mismo. Dos personas pueden pasar por la misma situación y desarrollar o no una herida emocional en función de la forma que tengan de afrontar dicha situación.

Ante la muerte de un padre, por ejemplo, uno de los hijos puede gestionarlo de manera correcta, pasando por cada una de las fases del duelo y aceptando su dolor para luego dejarlo ir; y el otro puede desarrollar conductas de evitación para huir del daño que le ha provocado el fallecimiento, sin saber que, al no vivir plenamente ese dolor cuando le corresponde, se quedará con él durante mucho más tiempo.

Cuando se trata de emociones la huida rara vez es la mejor opción. Cuando te obsesionas con huir del daño, acabas evitando situaciones que podrían ser positivas por miedo.

Hay personas que, con tal de no volver a pasar por una ruptura, cierran su corazón al amor. Otras, con la intención de no volver a sufrir una muerte, se alejan de sus seres queridos y construyen una barrera emocional a su alrededor.

En un principio parece una decisión inteligente, pero, en realidad, solo estás poniendo un parche. El dolor es parte de la vida y hay que aceptarlo y vivir con él para que pueda acabar pasando. Si activas el modo de huida ante las dificultades te arriesgas a vivir una vida a medias, donde el dolor es una constante y la felicidad, un rara avis.

A veces ocurre que, cuando el dolor sobreviene, no cuentas con la fortaleza mental para hacerle frente tú solo. De vez en cuando la vida golpea tan seguido que es imposible frenar los golpes sin ayuda.

Por suerte, la terapia psicológica puede ayudarte a afrontar las experiencias traumáticas y a gestionar el dolor de manera saludable. Un psicólogo te dará las herramientas necesarias para que puedas salir adelante pese a las vivencias desagradables.

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Factores que favorecen que las heridas emocionales se queden abiertas

Cualquier persona puede pasar por una situación traumática que desemboque en la formación de una herida emocional.

No obstante, hay algunos factores que pueden favorecer este proceso:

  • La edad

Cuando eres pequeño necesitas de los demás para sobrevivir. Los niños crean un fuerte vínculo emocional con sus padres: el apego. El apego determina el modo en el que los niños se relacionan con el mundo exterior y con los otros, tanto durante la infancia como más adelante, en la etapa adulta.

Si tus padres estuvieron siempre atentos y pendientes de tus necesidades lo más probable es que desarrollases apego seguro. Sin embargo, aquellos niños que experimentan soledad y malos tratos desde pequeños suelen arrastrar traumas emocionales durante toda su vida.

Y, cuanto más pequeño fueses cuando apareció el trauma, mayor es la herida emocional.

Esto se debe a que, cuando eres un niño, no tienes capacidad para gestionar de manera razonable lo acontecido. En la infancia no se entiende el por qué de los malos tratos, por lo que resulta imposible gestionar de manera correcta el dolor, que a menudo se queda grabado a fuego durante años.

  • La duración y la intensidad de la vivencia

Ya hemos explicado que las heridas emocionales del pasado pueden tener orígenes muy diversos. El trauma puede surgir tanto de algo tan común como una ruptura como de algo tan impactante como un accidente de avión.

Sin embargo, las probabilidades de sufrir una herida emocional aumentan a medida que aumentan la duración y la intensidad de la vivencia.

Pongamos como ejemplo la muerte de un familiar. Por supuesto, el dolor siempre está presente cuando muere un ser querido. Sin embargo, no es lo mismo hacer frente a la muerte repentina de una persona mayor que a la muerte de alguien que ha pasado años sufriendo cáncer. Tampoco es igual el dolor que provoca una muerte natural que el que puede surgir cuando la muerte se produce por un gravísimo accidente.

  • El antes y el después de la herida emocional

Las probabilidades de que una herida emocional se quede abierta pueden aumentar si quien la sufre ha ido acumulando malas vivencias en el pasado.

Ten en cuenta que una persona con un trastorno de estrés postraumático o con un trastorno depresivo tiene menos habilidad para gestionar correctamente sus sentimientos que una persona con una salud mental de hierro.

Y, del mismo modo que el pasado influye en las heridas emocionales, también los momentos que siguen a ese momento difícil tienen mucho peso. Una persona que vive su dolor acompañada de personas que la comprenden, que la escuchan y la apoyan tendrá más posibilidades de cerrar sus heridas que otra que tiene que lidiar con el daño sola, en silencio y sin ningún tipo de ayuda externa.

¿Tengo heridas emocionales del pasado sin cerrar?

Algunas personas viven toda su vida ignorando que tienen heridas abiertas en sus sentimientos. Viven huyendo, sintiendo a medias, con miedo y con recelo constantes, acosados por pensamientos irracionales que empeoran su vida.

Y lo peor es que creen que es normal vivir así.

Puede parecer una obviedad, pero el primer paso para sanar cualquier herida emocional es ser consciente de que existe. Algunos factores que pueden advertirte de que presentas heridas sin curar son:

  • El hecho de recurrir constantemente a mecanismos de lucha o huida

La parte más primitiva del cerebro humano reacciona ante los peligros poniendo en marcha dos tipos de mecanismos: la lucha o la huida.

Se trata de una reacción natural ante el miedo: un mecanismo que prepara al cuerpo para sobrevivir ante un peligro que el cerebro humano intuye como mortal.

Sin embargo, estos mecanismos no tienen sentido ante la mayoría de los peligros del mundo actual, porque tu vida está en peligro en contadas ocasiones. Pero es que, además, como todo tu cuerpo se prepara para huir, los mecanismos de lucha y huida producen un gran estrés, así como multitud de sensaciones físicas desagradables que pueden lastrar tu día a día.

Por otro lado, estos mecanismos sirven de bien poco contra los peligros emocionales. Cuando evitas un determinado sentimiento, en lugar de lograr que desaparezca, solo consigues que se haga más grande.

Así lo demostró un estudio de la Universidad de Texas realizado en 2011, que llegó a la conclusión de que reprimir las emociones volvía a la gente más agresiva y empeoraba su estado emocional.

  • El exceso de reflexión

No hacer frente a una herida emocional no implica que esta deje de existir. De hecho, el no gestionar el dolor producido por una vivencia traumática hace que ese trauma esté siempre en el fondo de la mente y que salga a la luz de vez en cuando.

Cuando esto sucede, no solo te ves afectado por sentimientos negativos, sino que además es muy probable que tu cuerpo reaccione ante el miedo que provocan esos pensamientos poniendo en marcha esas sensaciones tan desagradables provocadas por los ya mencionados mecanismos de lucha y huida: náuseas, mareos, respiración agitada, sudores abundantes, tensión muscular…

Consejos para sanar las heridas emocionales del pasado

  • Busca su origen: algunas personas se oponen tanto al dolor que acaban forzándose a olvidar las vivencias que crearon sus heridas emocionales. Sin embargo, para neutralizar el dolor tienes que entender de dónde surgió. Recordar los momentos traumáticos duele, pero es necesario dar rienda suelta al miedo para poder hacerle frente como es debido.
  • Acepta la vivencia traumática: de nada sirve luchar contra una situación que a día de hoy es imposible cambiar. Lo que pasó, pasó y tienes que asumir que es parte de tu vida. Todo lo que has vivido te ha llevado a ser quien eres hoy en día. Cada vivencia, por dolorosa que sea, es un aprendizaje que te ayudará a afrontar el futuro con entereza.
  • Analiza los comportamientos que han surgido a raíz de la herida: cuando te opones al dolor pones en marcha mecanismos de defensa que no siempre son positivos para ti misma. Para poder salir de ellos y aprender a vivir mejor, primero tienes que ser consciente de cuáles son esos comportamientos que empeoran tu día a día.
  • Pon en marcha comportamientos más saludables: una vez hayas seleccionado esas conductas que no te aportan nada bueno, debes sustituirlas por otras más saludables. Para ello tienes que empezar por modificar tus creencias. Por ejemplo, si te cierras a conocer a gente nueva para evitar que te rompan el corazón, tienes que desterrar la creencia de que abrirte te hace vulnerable y empezar a pensar que solo si pones todos tus sentimientos en tus relaciones podrás disfrutar de ellas como es debido.
  • No luches contra tus sentimientos ni contra tus pensamientos: el dolor y los pensamientos negativos, por desagradables que sean, son parte de la vida. Ignorarlos no hará que desaparezcan, es más, tan solo conseguirás que permanezcan más tiempo a tu lado. Para dejar ir un pensamiento o un sentimiento desagradable, es indispensable aceptarlo.

Hacer frente a las heridas emocionales del pasado no es fácil en ninguna situación, y aún menos sin ayuda. Por eso, el mejor consejo que podemos darte es que te rodees de personas que te quieren, puesto que su compañía te acercará al bienestar.

No obstante, no siempre basta con la ayuda de aquellos que te quieren para superar las vivencias traumáticas. Por suerte, contar con la ayuda de un psicólogo profesional te ayudará a cerrar heridas y vivir mejor en el futuro.

En Siquia somos expertos en terapia online desde el año 2012. A lo largo de nuestra trayectoria hemos ayudado a más de 1.600 pacientes a superar diversos problemas emocionales.

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Sobre Lucía Lorenzo

Periodista especializada en salud mental

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