Dejar la indiferencia para diferenciarnos

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Autoestima
Paula Parra Maté
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La indiferencia. Seguro que alguna vez has sentido que tu pareja te ignora y que tus amigos se van y luego vuelven como si nada, sin comunicártelo previamente y sin hacerte saber qué les pasa. Algo que no parece importante pero que hace que te sientas indiferente.

¿Qué es la indiferencia?

Muchas veces nosotros mismos en una discusión o en cualquier problema sentimos que necesitamos nuestra burbuja, irnos, desconectar, pensar en nuestras cosas y tomarnos un tiempo. A veces no sabemos qué contestar o cómo hacerlo en ese momento sin hacer daño a la otra persona, por tanto, eso es la indiferencia. No quiere decir que lo hagamos de forma intencionada ni para hacer daño, pero a veces con esa indiferencia tratamos de hacer ver al otro aquello que nos ha hecho daño.

Cuando una persona está en frente de otra y muestra esa indiferencia y se mete en su burbuja, la otra persona siente que se desconecta, se siente sola, siente distancia y siente frialdad. Esto es totalmente entendible ya que no todos somos iguales y cada uno necesita gestionar sus emociones de forma diferente.

El odio no es lo más peligroso. Es la indiferencia.

Lauren Oliver

Lo importante es conocer esa parte de indiferencia porque la otra persona lo más normal es que se sienta totalmente descolocada. De hecho, la otra persona puede llegar a conocer hasta seis emociones o sentimientos diferentes cada vez que una persona sienta indiferencia hacia ella porque necesite desconectar, como ya hemos dicho es algo normal, pero sí es necesario conocerlo.

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¿Qué siente esa persona cuando desconectamos de ella?

  • Culpabilidad: la otra persona se siente culpable porque va a pensar que ha hecho algo mal y va a estar preguntándose en qué se ha equivocado. Aunque haya hecho algo o no, esta persona se va a sentir culpable porque no va a saber por dónde le ha venido esto.
  • Perdida: de pronto estábamos hablando, conversando o discutiendo y la otra persona se ha ido.
  • Confusa: va a preguntarse qué es lo que ha pasado, porqué la otra persona no le habla, porqué se ha ido, no entiende nada.

Estas son las cuestiones más comunes que se suelen hacer las personas que tienen a alguien al lado que de vez en cuando necesita meterse en esa burbuja. Recordamos que esto está bien, lo importante es saber qué está pasando y si está en nuestra mano poder hacerlo de otra manera sin perder ese tiempo para nosotros de pensar, organizar nuestras emociones…

  • Frustración: la persona siente que se ha cortado la conversación y que no se puede avanzar ni hacer nada
  • Desesperación: la persona se siente desesperada porque se repite una y otra vez las mismas cosas.
  • Distanciamiento: la persona se vuelve distanciada de la persona que tiene al lado porque lo cortamos. Lo más importante es hacer ver que cuando nosotros nos metemos en nuestra burbuja, por consecuencia, la otra persona se siente perdida, desconectada, confusa…

Por lo tanto, lo más normal es que si esa situación se repite la persona se va a ir distanciando más y más.

  • Una persona porque necesita meterse en su burbuja, en su bienestar, en su gestión emocional
  • La otra persona se cansará de repetirse las mismas preguntas una y otra vez

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¿Cómo podemos cambiar la forma en la que desconectamos?

La idea principal es que si necesitamos gestionar nuestras emociones de esta manera entendamos qué está pasando en el otro lado y seamos más empáticos. Igual que hemos hablado de seis sentimientos que sufre la otra persona cuando alguien se mete en su burbuja, también hay cinco trucos que puede llevar a cabo la persona que desconecta para que eso cambie.

¿Estás siendo la persona que quieres ser?

La primera pregunta que tenemos que hacernos es esta. Hay que pensar si nos estamos comportando como queremos comportando o no es así, en si queremos cambiar algo y en si queremos expresarlo de otra manera.

Averiguar cómo nos sentimos

La segunda pregunta también es muy esencial ya que muchas veces el problema es que no sabemos ni como nos sentimos, ni que sentimos por dentro, ni que nos ha molestado. A veces no sabemos lo que nos pasa. Tenemos que saber conectar con esas emociones, entenderlas y saber qué hay dentro de nosotros. Hay que aprender a investigar qué nos ha pasado y qué nos ha hecho desconectarnos de esa manera.

Expresar lo que sentimos

Es muy importante expresar nuestras emociones a la persona que tenemos en frente. No hace falta que sean del tema porque si ni nosotros sabemos cómo nos sentimos es imposible seguir con la conversación. Lo que si que necesitamos es saber y conocer lo que a la otra persona le está pasando y decir a la otra persona algo que le haga sentir que tiene fecha de caducidad.

Un truco muy favorable es poner una palabra clave. Poner esa palabra clave puede significar que no podemos estar ahora mismo, que necesitamos un tiempo. Así la otra persona sabrá que necesitamos parar, centrarnos en nosotros, reconocer nuestras emociones para saber qué nos está pasando y así poderlo explicar. Algunos ejemplos pueden ser: mandarina, palomitas, algodón de azúcar…

La idea es poner esa palabra clave y pactarla con la otra persona y cada vez que la digamos así sepa lo que nos pasa y el porqué de desconectar. Así la persona sabrá que no estamos mostrando indiferencia, que lo que necesitamos es recolocarnos por dentro.

Pedir tiempo

Tenemos que ser capaces de expresar a la otra persona el tiempo que necesitamos para salir, hablar con otras personas o hacer deporte, en definitiva, desconectar, para así después poder seguir con la conversación. Así la otra persona sabrá lo que nos pasa.

La comunicación es la base de todo y si comunicamos el porqué de nuestra desconexión, las personas lo entenderán y dejarán de insistirnos.

Si has puesto fecha al tiempo y cuando llegue el momento no te encuentres aun bien para hablar, no sientas esa capacidad de gestión y de tranquilidad en ti mismo no pasa nada, la persona lo entenderá.

Las personas somos así y gestionamos las emociones de esta manera, pero recordad que el amor y el afecto no son eternos ni impermeables. Cuídalo y valóralo y las cosas cambiarán.

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Periodista especializada en comunicación online y psicología

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