Procrastinar: qué es y cómo afecta a tu bienestar emocional

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Autoestima
Andrea Merino
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En una era cada vez más vertiginosa y exigente, la procrastinación se ha convertido en un obstáculo común al que muchas personas se enfrentan en su vida cotidiana. Ya sea que posponemos tareas en el trabajo, en la escuela o en nuestras responsabilidades diarias, la tendencia a dejar las cosas para después, puede debilitar nuestra productividad y causar un estrés innecesario.

A qué nos referimos con procrastinar

La procrastinación es una tendencia que consiste en posponer o retrasar tareas o actividades importantes, de forma frecuente, a favor de realizar actividades menos importantes o más placenteras en el momento.

¿Cuáles son los principales desencadenantes?

De normal los desencadenantes de la procrastinación suelen estar relacionados con la falta de motivación, la ansiedad e incluso con factores emocionales. El miedo al fracaso, una baja autoestima, falta de planificación o la falta de motivación, son solo algunos de los desencadenantes que llevan a una persona a procrastinar. 

¿Procrastinar = ser vago?

Procrastinar no es sinónimo de vagueza, por lo que tampoco significa que la procrastinación está relacionada con ser una persona vaga o perezosa. En muchos casos, la procrastinación está vinculada más a aspectos emocionales, cognitivos y psicológicos que a la falta de voluntad de una persona por realizar tareas. 

Procrastinar y emociones

Entre las emociones que están relacionadas con procrastinar se encuentran:

  • Ansiedad. Esta puede surgir cuando una tarea se percibe como abrumadora o estresante. Esto puede hacer que una persona posponga esa tarea como una forma de reducir temporalmente la ansiedad.
  • Baja autoestima. Las personas con baja autoestima pueden procrastinar debido a la falta de confianza en sus habilidades o por temor a la crítica de los demás.
  • Dificultad para concentrarse. La falta de concentración puede dificultar el inicio y la realización de una tarea, lo que lleva a la procrastinación.
  • Falta de motivación intrínseca. La falta de interés o motivación personal en una tarea puede llevar a su postergación. Las personas tienden a aplazar lo que no les resulta significativo o gratificante.
  • Perfeccionismo. Las personas que buscan la perfección a menudo posponen tareas porque sienten que nunca podrán hacerlas perfectamente.
  • Miedo al fracaso. El temor a no cumplir con las expectativas o a cometer errores puede llevar a la procrastinación. Las personas pueden posponer tareas para evitar enfrentar esa posibilidad de fracasar.
  • Falta de autodisciplina. La procrastinación también puede estar relacionada con la falta de habilidades de autodisciplina y autorregulación. Algunas personas pueden tener dificultades para resistir las distracciones y mantener el enfoque en una tarea.
  • Tareas desagradables. Las tareas que se perciben como aburridas o desagradables son más propensas a ser procrastinadas, ya que las personas buscan evitar el malestar asociado con ellas.

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La terapia puede proporcionar herramientas y técnicas efectivas para abordar las causas de la procrastinación, como la ansiedad o la falta de autoestima, ayudando a las personas a recuperar su motivación y concentración.

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¿Procrastinar es algo negativo?

Procrastinar no es necesariamente algo negativo en todos los casos. La procrastinación puede tener efectos tanto negativos como positivos, dependiendo de la situación y la forma en que se aborde. De hecho hay situaciones en las que procrastinar puede ser algo negativo, pero también positivo.

Situaciones en las que la procrastinación puede ser algo negativo:

  • Tareas críticas o importantes. Procrastinar en tareas cruciales, como cumplir con plazos de trabajo o estudio para un examen importante, puede tener consecuencias negativas para el rendimiento y la calidad del trabajo.
  • Salud y bienestar. Posponer hábitos saludables, como hacer ejercicio, comer bien o atender a la salud mental, puede llevar a problemas de salud a largo plazo como subida de peso, ansiedad, depresión… 
  • Relaciones interpersonales. La procrastinación en la comunicación o la resolución de problemas en las relaciones personales puede generar tensiones y conflictos no resueltos, lo que puede llevar a perdida de relaciones con amigos o familiares.
  • Oportunidades perdidas. Posponer oportunidades personales o profesionales, puede llevar a perder eventos o trabajos importantes.

Al igual que encontramos situaciones en las que procrastinar puede ser algo positivo, también encontramos situaciones en las que hacerlo puede ser algo positivo.

  • Descanso y desconexión. A veces, posponer el trabajo puede ser necesario para descansar, recargar energías y prevenir el agotamiento.
  • Creatividad y reflexión. Tomarse el tiempo para reflexionar y posponer la toma de decisiones, puede llevar a soluciones más creativas y bien pensadas.
  • Priorización. Posponer tareas menos importantes para enfocarse en lo esencial puede ser una forma de priorizar y administrar el tiempo de manera más eficaz.
  • Autoconocimiento. La procrastinación ocasional puede ayudar a una persona a entender sus propias necesidades, límites y preferencias en cuanto a la gestión de su tiempo.
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Foto: Envato Elements

¿Qué personas procrastinan?

La procrastinación puede afectar a personas de todas las edades y en diferentes situaciones de la vida. No está limitada a un grupo específico de individuos. Sin embargo, ciertas características, hábitos y factores pueden hacer que algunas personas sean más propensas a la procrastinación que otras.

  • Falta de autodisciplina. Las personas que tienen dificultades para mantener la autodisciplina son más propensas a procrastinar. Esto puede deberse a una tendencia a ceder ante distracciones o a la falta de autocontrol en la gestión del tiempo.
  • Ansiedad. Las personas que experimentan ansiedad, pueden procrastinar como una forma de evitar enfrentar situaciones estresantes o temores relacionados con el fracaso.
  • Baja autoestima. Aquellos con baja autoestima pueden dudar de sus habilidades y posibilidades de éxito, lo que puede llevar a la procrastinación por temor a enfrentarse a esas tareas desafiantes.
  • Dependencia de recompensas inmediatas. Algunas personas tienden a elegir actividades más gratificantes y placenteras en el momento, en lugar de trabajar en tareas importantes que brindan recompensas a largo plazo.
  • Dificultad para concentrarse. Las personas que luchan con la concentración pueden tener dificultades para comenzar y mantenerse enfocadas en una tarea, lo que puede conducir a la procrastinación.
  • Perfeccionismo. Aquellas personas que buscan la perfección a menudo tienden a procrastinar porque sienten que nunca podrán hacer una tarea lo suficientemente bien. Además no solo temen con no cumplir con sus propias expectativas elevadas, también temen no cumplir con las expectativas que los demás ponen sobre ellas.

Evitar el sentimiento de culpa por procrastinar

Evitar o reducir el sentimiento de culpa asociado con la procrastinación es importante para mantener un estado de ánimo positivo y abordar la tarea de manera más efectiva. ¿Cómo hacerlo?:

  • Establece metas realistas. Asegúrate de que tus metas y plazos sean realistas y alcanzables. Establecer expectativas poco realistas puede llevar a la procrastinación y, como resultado, a sentimientos de culpa.
  • Divide la tarea. Si procrastinar se debe a que la tarea parece abrumadora, divide la tarea en partes. Esto hace que sea más fácil de abordar, lo que puede reducir la culpa por estar procrastinando.
  • Acepta la responsabilidad. Asumir la responsabilidad de tus acciones es importante, pero no debes culparte de manera excesiva. Admite que has procrastinado y reconoce que es una oportunidad para mejorar en el futuro.
  • Celebra los logros pequeños. Reconoce y celebra los logros, incluso si son pequeños. Esto puede ayudarte a mantener una actitud positiva y sentirte más motivado para seguir adelante.
  • Elimina las distracciones. Identifica las distracciones que pueden estar contribuyendo a la procrastinación y elimínalas o minimízalas tanto como sea posible.
  • Usa técnicas de gestión del tiempo. Aprende y aplica técnicas de gestión del tiempo, como la planificación diaria para aumentar tu productividad y reducir la procrastinación.
  • Enfócate en el presente. En lugar de lamentarte por lo que no has hecho en el pasado, enfócate en el presente y en lo que puedes hacer ahora mismo para avanzar y en evitar procrastinar.
  • Aprende de la experiencia. Utiliza la procrastinación como una oportunidad para aprender más sobre ti mismo y tus patrones de comportamiento. Pregúntate por qué procrastinaste y cómo puedes evitarlo en el futuro.

Cómo evitar el estrés por no procrastinar

Por otro lado, evitar el estrés por no procrastinar puede ser igual de importante, ya que el exceso de trabajo o la obsesión por la productividad constante también pueden generar esos sentimientos de estrés o ansiedad. Para ello:

  • Establece límites de tiempo. Aunque es importante trabajar de manera eficiente, también es esencial establecer límites de tiempo para tus tareas. Esto evita que te sumerjas en el trabajo de forma interminable, además te permitirá tomar algún descanso para despejar la mente.
  • Establecer un horario de trabajo. Define un horario de trabajo específico y respétalo. Esto te ayuda a separar claramente el tiempo de trabajo del tiempo personal, lo que evita que te sientas presionado constantemente.
  • Delega tareas. Si tienes la posibilidad, delega tareas a otros cuando sea apropiado. No necesitas asumir todo el trabajo tú mismo. 
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  • Aprende a decir “no”. No aceptes más responsabilidades de las que puedes realizar. Eso sí, aprende a decir no de manera respetuosa cuando te sientas sobrecargado.
  • Programa descansos. Integra pausas regulares en tu día de trabajo. Los descansos breves pueden ayudarte a recargar energías y reducir el estrés acumulado.
  • Define metas realistas. Establece metas de trabajo realistas y alcanzables para evitar la presión excesiva. Reconoce que no puedes hacerlo todo a la vez y que es importante establecer expectativas adecuadas.
  • Busca apoyo profesional. Si el estrés relacionado con el trabajo se vuelve abrumador, considera buscar apoyo de un psicólogo para aprender a manejarlo de manera efectiva.

Listas de tareas pendientes ¿una buena herramienta o motivo de agobio?

Las listas de tareas pendientes pueden convertirse en un agobio para las personas que tienden a procrastinar. ¿Por qué?

  • Presión excesiva. Una lista de tareas puede generar una presión por querer completar todas las tareas de manera eficiente. Esta presión puede aumentar la ansiedad y el estrés, lo que a su vez puede llevar a posponer las tareas.
  • Falta de priorización. Si la lista de tareas no está organizada por prioridad o si todas las tareas se presentan de manera igualmente importante, las personas pueden sentirse abrumadas al no saber por dónde comenzar. Esto puede llevar a la procrastinación, ya que no se sabrá qué tarea abordar primero.
  • Sensación de agobio. Si la lista de tareas pendientes es larga o incluye tareas complejas, puede generar una sensación abrumadora que lleva a la procrastinación. Las personas pueden sentir que no saben por dónde empezar y posponer la tarea de hacer la lista en sí.
  • Enfoque más en la cantidad que en la calidad. En lugar de concentrarse en la calidad y el valor de las tareas, algunas personas pueden obsesionarse con la cantidad de tareas de la lista. Esto puede llevar a la realización de tareas menos importantes solo para tachar elementos de la lista, en lugar de abordar las tareas más esenciales.

Cómo ayudar a quién procrastina y a quién no

Ayudar a alguien que basa su vida en la procrastinación puede ser un desafío, pero es posible brindarle apoyo y orientación.

  • Comunicación compasiva. Habla con la persona de manera compasiva y sin juzgar. Comprende que la procrastinación puede estar relacionada con desafíos emocionales, cognitivos o de otro tipo, y muestra empatía hacia sus experiencias.
  • Escucha preventiva. Escucha sus preocupaciones relacionadas con la procrastinación. Anima a la persona a expresar cómo se siente al respecto y a hablar de las razones detrás de su comportamiento.
  • Ofrece apoyo emocional. Hazle saber que estás ahí para apoyarla y que no está sola en su lucha contra la procrastinación. El apoyo emocional puede ayudar a reducir la ansiedad y el estrés asociados con la procrastinación.
  • Ofrece recursos. Proporciona información o recursos que puedan ayudar a la persona a comprender y abordar la procrastinación. Esto podría incluir libros, artículos, o invitarle a que acuda a un psicólogo que le ayude con la procrastinación.
  • Autorreflexión. Anima a la persona a reflexionar sobre las razones ocultas de su procrastinación. Preguntas como ¿por qué crees que pospones estas tareas?, pueden ayudar a iniciar una conversación sobre las motivaciones detrás del comportamiento.

En el caso de las personas que se obsesionan por no procrastinar, su ayuda irá enfocada de diferente manera de las que si procrastinan.

  • Escucha con empatía. Escucha las preocupaciones y ansiedades de la persona con atención y empatía. Ponte en su piel y entiende los desafíos y el impacto que la obsesión por no procrastinar puede tener en su vida.
  • Promueve la planificación. Ayuda a la persona a desarrollar una planificación realista y efectiva para que no se obsesione con la productividad constante.
  • Comparte recursos. Proporciona información y recursos sobre la gestión del tiempo, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, y la mejora de la productividad de manera saludable.
  • Comparte tu experiencia. Si has enfrentado desafíos similares en el pasado y has encontrado formas efectivas de abordarlos, comparte tus experiencias y estrategias personales de manera constructiva hacia la otra persona.

La procrastinación es un fenómeno que afecta a personas de todas las edades y profesiones, pero no tiene por qué dominar nuestras vidas. A medida que aplicamos las técnicas necesarias y hacemos un esfuerzo consciente por superar la procrastinación, nos damos la oportunidad de ser más productivos, menos estresados ​​y, en última instancia, más satisfechos con nuestros logros.

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Imagen de Andrea Merino

Periodista especializada en salud mental

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