¿Realmente son tóxicos tus amigos y familiares?

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Lucía Lorenzo
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De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda el termino «tóxico» como forma de referirse a las personas que esgrimen comportamientos hirientes contra los demás. La Real Academia Española define el adjetivo tóxico como una sustancia «que contiene veneno o produce envenenamiento». Así, podríamos definir a las personas tóxicas como aquellas que envenenan las relaciones, ya sean propias o ajenas, y con ello envenenan también el bienestar de los demás.

Sin embargo, que sea un término muy usado no quiere decir que se use bien. Tildar a alguien de tóxico es fácil, porque te exime de toda posible culpa. Seguro que has oído a alguien decir: «No, esa relación no falló porque hubiese problemas entre nosotros, es que ella era tóxica«. Es casi como tener un as en la manga que te protege de tu propia responsabilidad.

Y es que es precisamente su popularidad la que ha logrado que, en muchas ocasiones, el término tóxico se vacíe de significado. En lugar de referirse a unas personas con unas características concretas, actualmente se utiliza para hablar de personas cuyo comportamiento nos desagrada, sin preguntarnos el por qué.

Esto provoca que muchas personas vivan frustradas, sumergidas en un mundo en el que todo y todos los que le rodean son tóxicos y dañinos, y ellos simples víctimas de los errores ajenos. Además, es un pensamiento que provoca que las relaciones se resientan aún más, quizás sin posibilidad de arreglarse.

Con esto no estamos queriendo decir que no existan las personas tóxicas. Por supuesto hay padres, madres, familias y amigos tóxicos, que drenan la energía de los demás, los hacen sentir mal constantemente y ponen expectativas poco realistas a los demás. Sin embargo, hay que tener cuidado con el término y evaluar bien la situación antes de culpar a alguien.

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No todo lo que no te gusta es tóxico

Parece algo demasiado básico como para tener que explicarlo, pero visto lo visto, es necesario: a veces la personas se comportan de una manera que no te gusta y eso no quiere decir que sean tóxicas.

Antes de tachar a alguien de tóxico, plantéate primero una serie de cuestiones:

  • ¿He hecho algo para que se comporte así conmigo?

Cuando tachas a alguien de tóxico estás cargándole de toda la responsabilidad en vuestros desaires. Das a entender que no es digna de confianza, de comprensión ni de perdón. En el imaginario colectivo, una persona es tóxica per se, porque nació así, y eso implica que está fuera de toda ayuda, que no puede cambiar.

Pero lo cierto es que sí puede cambiar. Todos podemos cambiar.

Y, además, muchas veces los comportamientos tóxicos surgen de un conflicto en el que toman parte, al menos, dos personas.

Antes de poner la etiqueta de tóxico a alguien, evalúa vuestra historia más reciente: ¿le has hablado mal? ¿Has hecho por escucharle? ¿Le has tratado con el respeto que se merecía? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es «no», quizás su toxicidad sea producto de una disputa que aún podéis resolver.

tóxico
  • ¿Le ha pasado algo a esa persona que pueda explicar su comportamiento?

Todo el mundo pasa por malos momentos y eso no justifica los malos comportamientos, pero sí los explica.

Todas las personas cometen errores, seguro que eres consciente de ello. Tú también fallas de vez en cuando. Y, aunque pasar por una pérdida, por una enfermedad o sencillamente por un mal momento no es excusa para tratar mal a los demás, a veces hay que tomar aire e invocar a la calma antes de juzgar tan rápidamente.

No, seguramente esa persona no se merezca tu perdón inmediato, pero en lugar de cortar todo lazo con él puedes probar a explicarle cómo te ha hecho sentir. En ocasiones, las personas sienten tal dolor que pierden la noción de lo que hacen y dañan a los demás sin verdadera intención de hacerlo.

La comunicación es clave para tener relaciones sanas y no pierdes nada por explicar tu punto de vista y pedir explicaciones.

  • ¿Se trata de un evento puntual o es algo sistemático?

Las personas cometemos errores, incluso cuando no hay ningún evento traumático que pueda explicar un comportamiento tóxico. Todo el mundo tiene malos días y, a veces, el mal humor aparece sin ton ni son.

Antes de lanzarte a poner el sambenito a alguien, pregúntate si se trata de algo puntual, producto de un mal día o de la falta de reflexión, o si es un hecho repetido en el tiempo.

A lo largo de tu vida quizá te encuentres con personas que te tratan mal sin motivo alguno. Es su modus operandi. Sin embargo, la mayoría de las personas no es así. Date un tiempo para evaluar tu relación con esa persona y así poder determinar si es tóxica constantemente o si simplemente lo ha sido una vez, aunque sea sin motivo.

  • ¿Es una persona tóxica o es que nuestra relación es tóxica?

Si las personas somos complejas, las relaciones interpersonales lo son aún más.

Seguro que más de una vez has descargado tu frustración con aquellos que te rodean por el simple hecho de que eran los que más cerca tenías en un mal momento. Seguramente, tus personas más cercanas también lo han hecho contigo alguna vez. Pero no todo puede explicarse utilizando el adjetivo tóxico.

Plantéate que quizás aquellos que te rodean no son inherentemente tóxicos. Quizás seáis dos víctimas de una relación a la que la falta de comunicación, de confianza o de empatía han vuelto tóxica. Es más difícil asumir que una relación es tóxica, porque implica aceptar que tienes parte de la culpa. Sin embargo, también tiene un lado bueno y es que una relación tóxica puede arreglarse.

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Características de las relaciones tóxicas

Por supuesto existen familias tóxicas, parejas tóxicas e incluso amigos tóxicos. Y a veces la situación es tan mala que no queda otra que poner distancia y velar por la propia salud.

Sin embargo, otras veces las relaciones tóxicas pueden arreglarse, aunque no es fácil asumir que formas parte de una relación tóxica. Tampoco es fácil arreglarlo, pero quizás sí sea satisfactorio.

Algunas características de las relaciones tóxicas son:

  • La falta de comunicación.
  • El exceso de control y la sobreprotección.
  • Falta de individualidad.
  • Abandono e indiferencia.
  • Manipulación emocional.
  • Dependencia emocional.
  • Agresividad, humillaciones y hasta violencia.
  • Críticas destructivas.

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Sobre Lucía Lorenzo

Periodista especializada en salud mental

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